Confieso nada más empezar estos párrafos que lo que comento me da miedo y espero que sea nada más una elucubración personal sin más recorrido que estas líneas. La semana pasada hablé de Hannah Arendt y de lo que sucedió mientras cubría el juicio del nazi Eichmann, y esta me ha dado por trabajar un rato en los años 30 y hacer lo que un historiador no debería hacer, llevar a los lectores a pensar que la historia se repite. Y eso no es verdad, pero muchas veces he escrito que rima. Verán a lo que me refiero y lo haré de forma muy esquemática para no aburrir con datos.
La Segunda República española llegó en 1931. El bienio republicano socialista, con sus claros y sombras para que vean que no caigo en el adanismo ni el buenismo, fue un periodo de grandes cambios y avances sociales y laborales con políticas trazadas para el corto y el largo plazo. Y lo hizo con una crisis económica mundial, el ascenso de los fascismos y una derecha patria incapaz de entender el juego democrático de la alternancia de poder. Las mejoras salariales, el nuevo papel de la mujer, el proyecto educativo encaminado a formar una nueva ciudadanía. Dos enemigos poderosos en el exterior, Benito Mussolini en Italia y, a partir del 33, Adolf Hitler en Alemania, que actuaron conspirando primero y actuando directamente en el 36. Y en el interior, una derecha desnortada al principio formada por caciques, monárquicos y oligarcas (se puede tener las tres condiciones en la misma persona) y una Iglesia beligerante que puso orden y organizó la CEDA, además de contar con el entusiasta concurso de poderes como el judicial o el ejército para torpedear al gobierno, todo aderezado por una prensa conservadora que no dudaba en jugar con la estabilidad del Estado. Y también surgió la extrema derecha falangista. La primera veía una amenaza en cualquier reforma y la segunda amenazaba con puños y pistolas para salvar a la patria. Todo ello se exacerbó en el verano del 36 tras una campaña de tremendismo de las que hacen época tras la derrota de la derecha en las elecciones de febrero del mismo año.
Rima, asonante si se quiere. Gobierno progresista con avances notables en lo social y laboral. Dos enemigos poderosos en el exterior, Trump y Netanyahu, que le desean todos los males del mundo. Una derecha desnortada y bronca que trata de calentar el ambiente todo lo que pueda con la inestimable participación de algunos jueces y otros de las fuerzas de seguridad del Estado, además de estar conformada por aquella España de Machado de los que embisten. Una extrema derecha que habla de colgar al presidente por los pies para salvar a España. ¿Hay que mencionar a los medios? Y ambas en contra de todo. ¿Razones? Ninguna.
Lo único que no rima es el papel de la Iglesia, o por lo menos del Papa actual, que no es Pío XII. Aunque algunos de la curia española han dado sobradas muestras de inmiscuirse donde no debían.
En fin. Una simple reflexión que no aboca irremediablemente a algo. Simplemente, que el conocimiento de la historia a veces produce monstruos. Pero, por si acaso, que no nos pillen esta vez con la guardia baja.






