Mucha gente anda por ahí espantada de los pactos PP-VOX como si se hubiera arrastrado al democrático conservadurismo español (esto es con sorna) a posiciones indeseadas y que hará todo lo posible por paliar los excesos de su socio. En realidad es el retorno a la casa del padre. Ahora que ha estado el Papa por aquí, una expresión religiosa que significa el retorno a Dios y alcanzar la vida eterna en el cielo tras el tránsito mortuorio. La vida en la Tierra es solo un viaje temporal. El verdadero hogar está al lado de Dios. Pero como soy poco pío, lo reconozco, lo voy a llevar al terreno político.
Mucha gente anda por ahí preocupada por los pactos PP-Vox, como si eso hubiera arrastrado al llamado conservadurismo democrático español —lo digo con sorna— hacia posiciones indeseadas, y como si el PP fuera a hacer todo lo posible por corregir los excesos de su socio. En realidad, puede verse más bien como un retorno a la casa del padre. Aprovechando que estos días ha estado el Papa por aquí, se puede usar una expresión religiosa: el regreso a la casa del padre, ese retorno a Dios que promete la vida eterna tras el tránsito terrenal. La vida en la Tierra sería solo un paso temporal, y el verdadero hogar estaría junto a Dios. Pero, como soy poco pío, lo reconozco, prefiero llevarlo al terreno político.
Esto viene al caso de los orígenes ideológicos de la izquierda y derecha patrias. Empecemos por la primera: un pedigrí obrero, sindical e internacional, con organizaciones políticas de distinto calado, desde la socialdemocracia hasta el comunismo. En España, esto se traduce en el PSOE, la UGT, el PCE o CCOO, dejando al margen —de forma consciente— los adanismos de Podemos o Sumar, y también a la CNT, harina nihilista de otro costal. Son organizaciones que, en general, han mantenido una sintonía con sus equivalentes europeos y mundiales y que se han definido, de manera explícita, como antifascistas.
Vamos con la derecha. Un pedigrí burgués, liberal e internacional a su manera, ligado a los intereses del capital, con organizaciones políticas de distinto calado: liberales, conservadoras, democristianas… dejando también fuera de forma consciente a la extrema derecha. Incluso puede hablarse de un cierto antifascismo, al menos en el plano doctrinal. En España, esto se concreta en el PP. Ni liberal, ni conservador, ni democristiano en sentido estricto. A diferencia de la derecha europea de la posguerra mundial, que tuvo que revisar críticamente su papel tras sus errores —y gordos—, en el caso español la derecha favoreció un golpe de Estado y un régimen totalitario en el cual se acunó, mamó, creció y del que formó parte indisoluble; es decir, el origen de nuestra derecha actual es la extrema derecha. Alianza Popular, después Partido Popular, fue fundada por siete exministros franquistas. Todavía pueden consultarse hemerotecas de la época en las que se recogen expresiones como “Franco, Franco” en el congreso fundacional.
El PSOE renunció al marxismo en el Congreso extraordinario de 1979, una decisión que, personalmente, siempre me ha parecido una majadería de la que ya hablaré otro día si la actualidad no se nos come. No recuerdo ningún cónclave pepero en el que se haya renunciado explícitamente al franquismo. En ese sentido, puede decirse que han sido más coherentes que la izquierda. Por lo tanto, están volviendo a la casa del padre. Amén.








