L'Endavant. Altaveu dels i les socialistes de Catalunya

(Pensar es resistir) / No pasarán

No pasarán
  • Luís Miguel Guerra

    Profesor, historiador y novelista. Miembro del Comité de Redacción de l'Endavant!

No descubro nada nuevo si digo que la política occidental está experimentando una profunda transformación marcada por el ascenso de la extrema derecha. Lo preocupante es que lo estamos viendo venir: los datos están ahí, esas señales de la historia a las que a veces me refiero.

Lo vimos en el asalto al Capitolio, pero aquello no fue más que la punta de lanza de la infiltración del movimiento MAGA en el seno del Partido Republicano estadounidense. Y ese fenómeno se está replicando en Europa: un proceso de radicalización y de absorción de los partidos tradicionales por parte de fuerzas de extrema derecha.

En el caso de España, ni siquiera hablamos de infiltración, sino de una presión y una competencia desde fuera que empujan y condicionan la agenda política.

Como decía, nada de esto ocurrió de la noche a la mañana. El auge del Tea Party, la proliferación de medios alternativos con discursos extremistas, la influencia de predicadores supremacistas y el descontento social tras la crisis financiera de 2008 fueron sentando las bases.

Trump, con su retórica agresiva y populista, terminó de rematar la transformación del Partido Republicano: promocionó a los perfiles más radicalizados, dio cobertura a quienes se alinearon con su discurso, a los más “hooligans” y a los que se subieron a su carro, llevándolo a una posición mucho más extrema.  El resultado fue un partido situado en posiciones mucho más extremas que en etapas anteriores.

En Europa, el proceso ha seguido dinámicas similares. Hungría y Polonia han visto cómo fuerzas ultraconservadoras alcanzaban el poder y emprendían reformas que han tensionado —cuando no erosionado— el sistema político y judicial.

En Francia, Italia, España —como ya he señalado— y Alemania, formaciones como Reagrupamiento Nacional, Fratelli d’Italia, Vox o Alternativa para Alemania han ido creciendo en las urnas. Su avance ha condicionado el debate público y ha empujado a partidos tradicionales a endurecer sus posiciones para no perder apoyo electoral.

La estrategia de la extrema derecha europea imita, en parte, la estadounidense: agitación permanente en redes sociales, mensajes simplificados y emocionales, rechazo del multiculturalismo, defensa de la “identidad nacional” y una visión abiertamente crítica de la inmigración y de la Unión Europea.

Esta dinámica no solo ha ampliado su base electoral, sino que ha empujado a partidos conservadores tradicionales a acercarse a esos postulados para evitar ser fagocitados en las urnas, como puede observarse en la evolución reciente de la derecha clásica en España. Aunque, siendo honestos, cabe preguntarse hasta qué punto ese desplazamiento responde únicamente a la presión externa o también a una comodidad ideológica con ese terreno.

Y no nos olvidemos de Junts y su transformación, si bien ellos no lo saben, en Aliança Catalana.

En resumen: autoritarismo frente a democracia. O eres demócrata o no lo eres. La extrema derecha no lo es. La derecha está en vías de extinción, así que aquí vuelve a situarse la izquierda como bastión de un mundo que algunos quieren hacer desaparecer.

Curiosamente, los antisistema y los supuestos revolucionarios no son quienes quieren avanzar, sino retroceder, y eso gusta a determinados sectores. Añádase a esto magnates sin alma y con bolsillo, y ya tenemos el panorama servido.

Vamos a ver la capacidad de resistencia de la democracia, es decir, de la izquierda. Y en esto hay que estar. Recuperemos el lema: “No pasarán”. Pero esta vez seamos optimistas: podemos y vamos a ganar.

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