Presidir una comunidad autónoma bajo las siglas del Partido Popular es, probablemente, lo más plácido del panorama laboral. No requiere gestionar, no requiere afrontar problemas puntuales o crisis de envergadura, mejorar los servicios ni preocuparte por que tengas una infancia y una juventud formadas para un futuro mejor. Mientras que la estructura del Estado autonómico se diseñó para acercar la Administración a los ciudadanos, el PP tiene un grupo de barones y baronesas que han perfeccionado un modelo alternativo: concejal de festejos de su pueblo, elevado a comunidad. No se pierden una y, además, ejercen de socorristas de piscina, porque, a la mínima, te lanzan el salvavidas del Gobierno central para sacar al ahogado y, después, echarte la culpa de que lo has hecho mal y de que tú sabías cómo hacerlo mejor.
En lenguaje político: ración diaria de soberbia nacionalista regional, proclamación de una independencia de gestión que roza lo místico y lecciones de todo, mientras se desprecia al ilegítimo Gobierno central que hunde a España en la miseria. Sin embargo, en cuanto surge el más mínimo contratiempo, la audacia pepera desaparece. Cuando la realidad los desborda por su nefasta gestión, basada en el amiguismo y la privatización, siempre tienen a mano el teléfono de la Moncloa. Ese Gobierno al que tildan de ilegítimo, dictatorial y, por supuesto, enemigo de su territorio.
La receta es clara: asfixiar los servicios públicos para justificar su inoperancia. La sanidad y la educación no se gestionan, se transfieren al sector privado. Y todo ello, aderezado con la confrontación: son opositores nacionales que utilizan las instituciones de todos los ciudadanos como arietes partidistas. Ahí están Madrid, Andalucía, Valencia, Galicia, Extremadura, Murcia y, ahora, Ceuta.
¿Alguien recuerda alguna acción, alguna declaración, algo en beneficio de la ciudadanía? ¿Alguien puede poner cara a un presidente autonómico junto a una declaración en positivo? ¿Alguien puede encontrar, en los años de gobierno del PP en los gobiernos y las autonomías, una sola medida que haya beneficiado al conjunto? Y cuando alguno flaquea, que no se preocupe, que viene Feijóo a corregirte y a llevarte por el camino correcto, no sea que se te ocurra colaborar para que todo vaya mejor.
Y ahora es cuando alguien dice: «Los votan». Sí, pero prometo que el próximo día elaboraré una hipótesis sobre la cuestión.
Son inútiles, sí, pero a veces es útil reconocer la inutilidad, porque lo que no se ve o no se toca no se cree. Y son útiles para su partido, que es para lo único que los quieren: generadores de ruido y distracción. Sin embargo, para el ciudadano que espera una consulta médica, el estudiante que busca una plaza en la FP pública o el ciudadano que aguarda ante la Administración, la figura del presidente autonómico del PP es una inutilidad.
Denle todas las vueltas que quieran al título, pero el inútil, inútil se queda.







