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Más federación y más democracia en Europa

Más federación y más democracia en Europa
  • José Manuel Pérez Tornero

    Director de l'Endavant!
    Catedràtic emèrit de Periodisme per la UAB.
    Expresident de la Corporació de RTVE.
    Coordinador el Programa de la UNESCO Media and Information Literacy and Intercultural Dialogue.
    Director de la Cátedra UNESCO Media and Information Literacy and Quality Journalism.

¿Decadencia europea? “Europa es un continente viejo y decadente”. “La Unión Europea se fragmenta”. “Bruselas es un monstruo burocrático que impone su voluntad a los Estados”. ¿Con qué frecuencia escuchamos estas ideas?

Lo cierto es que estos tópicos han acompañado al proyecto europeo desde sus inicios, y con especial intensidad desde el Tratado de Maastricht de 1992. Suelen reaparecer en momentos de crisis: tras la ampliación al Este; después del fracaso del proyecto de Constitución europea en Francia y Países Bajos; durante la crisis financiera de 2008; con las oleadas migratorias de 2015; tras el Brexit y sus efectos en Catalunya y Escocia; o durante la pandemia del covid-19. Lo que sí ha cambiado en los últimos años es que ese mito de la decadencia de Europa se ha convertido en el eje central de una estrategia política organizada, impulsada tanto desde fuera como desde dentro de Europa.

No se trata de una crítica coyuntural, sino de una campaña sostenida destinada a erosionar el sistema europeo. Desde la anexión de Crimea en 2014, y con mayor intensidad tras la invasión de Ucrania, el Kremlin ha hecho de esta idea un eje central de su propaganda: Europa es presentada como un proyecto fallido, débil, corrupto y dependiente de Estados Unidos. El fundamentalismo islamista, por su parte, insiste en el tópico: Europa es una civilización moralmente decadente; y, así, trata de justificar el terrorismo. Y en EEUU, el trumpismo ha convertido esta visión en doctrina política: la UE deja de ser una aliada estratégica para convertirse en un actor irrelevante y parasitario. El vicepresidente J. D. Vance, en su intervención en Davos, fue directo y hasta ofensivo: acusó a Europa de perder su vigor democrático, de establecer la censura y de haber perdido el vínculo con su ciudadanía. Y lo más preocupante: en la Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense de 2025 se afirma que Europa ha “borrado su espíritu civilizador” y ha pasado a ser un competidor de EEUU sin ninguna visión estratégica. Puede decirse más alto, pero no más claro.

Por si fuera poco, la ‘decadencia’ europea se ha convertido en un consenso sonoro entre los partidos de extrema derecha —algunos respaldados desde Washington—. Todos coinciden en presentar a la UE como el principal problema del continente. La acusan de erosionar la soberanía nacional, corromper los valores tradicionales y diluir las identidades colectivas.

Esta narrativa —por bien acogida que pueda ser en ciertos momentos— es profundamente sectaria y errónea. Ignora una evidencia: que ha sido precisamente la UE la que ha convertido a Europa en un espacio de democracia, prosperidad económica y respeto a los derechos humanos sin parangón en el mundo. Europa no es débil —como insiste esa narrativa falaz— por no practicar el autoritarismo carismático que la extrema derecha añora, sino todo lo contrario. Si en ocasiones aparenta debilidad es porque no ha logrado culminar los consensos que necesita. O, en todo caso, por no haber sabido transmitir que su mayor fuerza radica en la negociación, el compromiso y el consenso, más allá de fronteras identitarias o ideológicas. Es decir, en su profundo sentido democrático.

Por eso, criticar a la UE por su muchas veces deslucido método de negociación, y por su capacidad de consensuar siempre ‘in extremis’, no es lo más acertado. Ese método de consenso y diálogo incansable constituye lo mejor del sistema.

Lo hemos visto recientemente con acuerdos decisivos alcanzados en el último momento: la emisión de deuda común para reforzar la defensa europea; el avance —aunque con retraso— del Pacto Verde; o el acuerdo comercial con Mercosur, que tras 25 años de negociación abrirá en 2026 un mercado de más de 720 millones de personas. Todo ello demuestra la fortaleza de Europa y que la supuesta decadencia europea es solo un mito interesado.

Por eso, en un momento en que la extrema derecha, Putin y Trump, entre otros, van a redoblar sus ataques a Europa, hay que recordarlo: el único camino de progreso que nos queda a los europeos es seguir avanzando en una Unión cada vez más federada y más democrática.

Conviene tenerlo claro: la única respuesta real al mito de la decadencia europea es más unión, más federación y más democracia.

Enlace al artículo original publicado en EL PERIÓDICO el 2 de enero de 2026

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