El próximo objetivo de Trump es Cuba. La isla se debate en una crisis profunda que golpea a generaciones que ven la revolución muy lejana o, simplemente, no la ven, mientras las redes les dan acceso a todo lo que hay por el mundo. Cuando la necesidad aprieta, nadie puede reprochar a la gente que piense y busque una vida mejor. Y la perspectiva vuelve a ser el paraíso caribeño del juego, el lujo y todos los proyectos que hemos visto quieren hacer en Gaza, reflejados en aquel obsceno anuncio de los criminales que tienen en jaque al mundo.
Probablemente sucederá y veremos desaparecer las imágenes del Che, seguramente transformado en criminal de guerra, y se derribará su tumba en Santa Clara. Se borrarán las campañas de alfabetización, se olvidará la gratuidad de la educación y la sanidad pública que llevó a la isla a tener una de las esperanzas de vida más largas del planeta. Como se olvidarán las brigadas cubanas sanitarias que acudían a cualquier lugar del planeta, fuera cual fuera el motivo o epidemia, o la formación de médicos para todo el continente. Nadie recordará los logros culturales ni que la UNICEF reconoció los logros en cuidado de la infancia. Y se multiplicarán las contradicciones de la revolución; una sola mancha será suficiente para emponzoñar todo lo que se consiguió. Hagan un ejercicio de imaginación y piensen en la imagen de España que transmiten Vox y el PP, primos hermanos de los habitantes de Miami ávidos de abalanzarse sobre la isla y cuya ideología mayoritaria deja en mantillas a los de Abascal.
Soy un admirador de Silvio Rodríguez y he acudido a algunas de sus actuaciones. Forma parte de la banda sonora de mi vida. Una persona a la que vale la pena escuchar, no solo cantando. Hoy ha recogido su fusil para defender la isla; es hijo de la revolución. Nada que reprocharle. Una imagen de gran potencia para algunos de nosotros, que ya tenemos una edad.
Cuba tiene su historia, y a los historiadores se les debe dejar, y hablaremos también de las limitaciones de la libertad y su desarrollo económico. Y para terminar, permítanme que lo haga con una frase de las que canta Silvio, en concreto en una canción magnífica que se titula “Roxana”, dedicada a los que abandonaban la isla: “Cuando escriban la historia los buenos, al final vencedores, se verá que no usamos veneno como aroma de flores”. Suerte, Silvio y suerte, Cuba.







