L'Endavant. Altaveu dels i les socialistes de Catalunya

(Pensar es resistir)/ El combate por el socialismo (1)

(Pensar es resistir)/ El combate por el socialismo (1)
  • Luís Miguel Guerra

    Profesor, historiador y novelista. Miembro del Comité de Redacción de l'Endavant!

Durante todo el tiempo que he estado escribiendo para “Endavant!” reconozco que me ha podido la noticia semanal, el exabrupto y, por lo tanto, críticas coyunturales que se han visto superadas por la siguiente. Así que he decidió parar e iniciar una nueva etapa de reflexión y tranquilidad, que no deja de ser parte de ese combate por el socialismo. Creo que en un momento como el que vivimos necesitamos de fortaleza ideológica y refuerzo de principios, en el bien entendido de que lo que propondré estas semanas es una reflexión abierta a la que invito a participar a todo el que quiera, a generar debate y robustecer nuestras raíces ya de por sí sólidas. Lo que ocurre es que como hijo intelectual del materialismo histórico, el análisis del momento que se vive es imprescindible para trazar rutas transitables y no un arco iris al final del cual se encuentra un unicornio junto a la olla de oro.

Así que comencemos y lo haré por esto último que he comentado.

Considero que la izquierda parece dudar de su propio proyecto histórico. Una duda que, como la cartesiana lleva a diferentes derroteros si no se dan los pasos adecuados. Desde el planteamiento de utopías irrealizables y populistas a la crítica conservadora dentro del propio partido socialista, que no sólo duda sino que niega el proyecto. Y es que el paradigma planteado por la socialdemocracia es, sin duda, el más exitoso y los planteamientos en su contra no han propuesto nada mejor y, sobre todo, realizable. Por la derecha ni se comenta, y por la izquierda adanista sin anclaje histórico ninguno, pues tampoco.

El proyecto de la socialdemocracia requiere mantener lo que dio a luz al socialismo, el análisis de la realidad con los datos que hoy se disponen y la exploración de nuevas rutas a partir de ellos y manteniendo las experimentadas y seguras. Y todo ello acosado por los poderes oligárquicos, la crisis discursiva y reflexiva de los que se dicen izquierda y algo más metafísico, la duda permanente sobre la marcha y dirección de la historia. Y no estoy hablando del destino manifiesto, sino de los objetivos que el socialismo debe trazarse como horizonte alcanzable, sabiendo que una vez allí el proceso histórico continuará.

¿Qué sociedad deseamos? ¿Qué mundo queremos? Serían las preguntas. Vocación crítica y propuestas de mejora. Un proyecto como el que alumbró el socialismo. A partir de la experiencia y los datos recabados con reflexión autónoma seguir construyendo el proyecto político socialista, político e histórico.

La situación actual nos da la razón. Los que se dicen a nuestra izquierda son el mayor triunfo de la derecha que parece haber fabricado su propia oposición puesto que su quietismo, su retórico pseudo revolucionaria que no va más allá de una lingüística agresiva y que, a la hora de la verdad, es incapaz de hacer algo, eso sí, abriendo las compuertas al conservadurismo más atroz. Movimientos que se ven completados por los que se dicen no ser de derechas ni de izquierdas, perversión absoluta que trasluce lo que son, grupos de derechas que intentan diluir a la izquierda como sea convenciéndola de lo arcaico de sus planteamientos.

En estos últimos años el ataque al gobierno está siendo feroz intentando desacreditar el socialismo, incluso resucitando términos relacionados con la sovietización y hablando de ideología antigua, fosilizada, sin recorrido. Empobreciendo sin vergüenza ni rubor el panorama puede llevar a algunos de los nuestros a dudar del proyecto.

Yo digo que no. El proyecto está más vigente que nunca, su trascendencia histórica es total por lo que, sin dejar de dar la guerra de guerrillas a corto plazo, no nos olvidemos del largo plazo y de su gran importancia porque ese “largo plazo” es la educación de una ciudadanía que supere los estragos del caciquismo y de esa victoria en el único país en que el fascismo ganó la guerra, es que jóvenes de toda condición puedan acceder a la carrera judicial, son las becas, la sanidad que alarga la vida, una vida que ha de merecer ser vivida en plenitud de oportunidades.

No olvidemos para qué estamos aquí.

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