Dice Miguel Ángel Rodríguez que un tercio de la población de este país está podrida. Sin problema, yo estoy podrido y lo voy a explicar dirigiéndome a él directamente, como creo que deberíamos hacer todos y cada uno de los “podridos” y “podridas” de este país.
En primer lugar, te voy a reconocer el talento y, en segundo, algo en lo que me superas, y es que has conseguido que te resbalen las consecuencias de tus actos; es más, las celebras como triunfos contra la “podredumbre”. Porque en la vida hay dos tipos de personas, los que utilizan el talento para el bien y los que lo utilizan para el mal. Tú estás en el segundo y lo pones en práctica cada día y cuando ves a tu enemigo, porque para ti somos el enemigo.
Y ahora permíteme que te explique por qué me llamas “podrido” y qué es lo que comparto con ese tercio de la población que citas. Y con un agravante, soy más “podrido” aún porque milito en ello.
Me lo llamas porque creo en la defensa de la justicia social en todos sus ámbitos, incluida la necesidad imperiosa del federalismo y el europeísmo. Porque creo en la convivencia y el diálogo. Porque busco activamente la igualdad de oportunidades y la protección de los servicios públicos que mejore día a día la vida cotidiana de toda la ciudadanía, podrida y no podrida. Y también porque enseño, ya que, como decía Luther King, otro podrido sin duda, “nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”, algo de lo que tú te nutres y jaleas para así sembrar tus mensajes de los que solo puede germinar la ponzoña.
Pero hay más. Estoy podrido desde la rebelión de los esclavos de Espartaco, desde las luchas de patricios y plebeyos, desde las rebeliones campesinas contra los señores, desde la Revolución francesa; estoy podrido desde las primeras reivindicaciones obreras, desde la formación de las ideologías socialistas y estoy podrido porque pertenezco a un grupo articulado en España hace más de 145 años.
Y sigo. Estoy podrido porque mi bisabuelo fundó la UGT de los Ferrocarriles del Norte, porque familiares compartieron el entusiasmo por la República desde el socialismo militante, porque perdieron la guerra, porque algunos murieron, porque tuvieron que dejar sus casas, porque sufrieron una dictadura, porque se implicaron y algunos seguimos pensando que vale la pena seguir en esto. Y todo para que ahora tú nos llames podridos. Y lo haces amparándote en la libertad de la que gozamos, pero no te engañes, que no lo haces porque eres talento del malo; en dictadura hubieras dicho lo mismo porque perteneces a un grupo que le da igual una cosa que otra, porque lo que quieres es machacar, despreciar, humillar y explotar. Y es más, eso de “podrido” es expresión de ese tipo de gobiernos y que solucionan como se hace con lo podrido, separarlo de lo bueno y tirarlo a la basura.
Y puedo seguir porque me reúno con esa gente podrida que tiene tantas o más historias que yo. Gente que trajo, mantuvo y sigue luchando por una sociedad mejor. Pero ya que tan claro lo tienes, te invito a ir a una agrupación socialista, cualquiera, sin el amparo de tus voceros de prensa, sin tus pelotas de tres al cuarto, sin tu títere de la Puerta del Sol y de los que te permiten mentir en sede judicial, y le eches eso de lo que toda la vida habéis presumido los de tu cuerda. Te pones delante de la asamblea y le dices a Encarna que vio cómo los falangistas se llevaban a su padre, que está podrida, y también a Emilio, que se dejó la vida y la salud en la SEAT, a María Dolores, que nunca supo dónde estuvo enterrado su padre, a Josep María, que estuvo siete años en la cárcel por pedir democracia y libertad, a Luis y Gregoria, que estuvieron en el “47” con sus madres, a Francisco, al que deslomaron y echaron de Extremadura. Y también a los que, más jóvenes, no sufrieron historias tan tremendas, afortunadamente, porque piensan eso de que el mundo puede ser mejor y que esa podredumbre de la justicia social merece ser peleada ahora y siempre.
O mejor, no vengas, porque igual aprenderías algo de toda esa gente a la que desprecias. Y aunque aprender es muy sano, a ti no te lo recomiendo, no sea que sufras efectos secundarios.




