Uno querría reenganchar con noticias veraniegas, por mucho que el señor Feijóo diga que están sobrevaloradas. Cosas de esas que no van a ninguna parte, pero que son parte de la vida. Visitas, paseos, lecturas, audiciones, películas… Pero no ha sido posible porque los idiotas nunca descansan y encima hacen daño. Así que les cuento un par de cosas acaecidas durante el descanso estival al margen de la desgraciada temporada de incendios e incendiarios políticos.
Viendo unas noticias de una de las cadenas de Mediaset (de verdad que no lo hago habitualmente, pero alguien puso la tele y por allí salió), además de la consabida diatriba diaria contra Barcelona y su ayuntamiento, una cruzada que sostengo se viene produciendo desde hace años, dieron la noticia de que los jóvenes entre 18 y 24 años o bien se abstenían o votaban a Vox. A continuación anunciaban la entrevista a uno de estos jóvenes. Pues bien, sentados en un parque, el entrevistador preguntaba al chaval sobre la cuestión. De manera sosegada, tranquila, con seguridad y firmeza, respondió que él comenzó votando a la izquierda por la cuestión de la salud y la educación públicas, pero que Vox le había convencido con el tema de la inmigración. Ahí es nada. Y lo dice como si hubiera hecho una reflexión profunda y respetable… Pues no es nada de eso. Es una idiotez. A continuación va y dice que la ultraderecha es la que protesta y dice las cosas claras. Eso sí, sin propuesta ni solución. Pero, mira. Este ha llegado a la conclusión de que hay que darles una oportunidad. Repito, una idiotez y más intentando hacer pasar la entrevista como una reunión de intelectuales.
La segunda es en directo. En una fiesta de pueblo y en plena vorágine, de repente empezó un grupo a gritar lo de Pedro Sánchez y me gusta la fruta, pero sin filtro, ya me entienden, eso que se ha puesto tan de moda. Al día siguiente me encontré en la tienda a uno de esos muchachos a los que conozco de siempre igual que a su familia y le había visto entonar la cosa a voz en grito. Nos saludamos y le pregunté que cómo le iba y me dijo que bien. Sus abuelos estaban de viaje con el IMSERSO y le dije que me alegraba, puesto que a su abuela la habían operado hacía poco de la cadera. Le pregunté por su hermana, que sabía que hacía poco había comenzado a trabajar. Por sus padres y también por los estudios y si le habían concedido nuevamente la beca que recibe hace años. Todo que sí. Incluso me dijo alegremente que ya tenía el bono cultural… Esto es lo que hay.








