Definitivamente, no vivimos buenos tiempos como sociedad, ni en referentes líderes mundiales, ni en valores, ni en prioridades.
Y es tan solo una opinión personal que seguramente compartan más personas que, anonadadas, vemos cómo Putin y Trump campan a sus anchas sin límite ni freno alguno y cada vez con más adeptos.
Definitivamente, vivimos en un mundo de locos donde el más loco ostenta el poder de las grandes potencias mundiales y donde los más responsables son cuestionados constantemente y gobiernan de manera casi milagrosa haciendo juegos de malabares.
Por suerte nos queda la esperanza, y en España y en Catalunya no sucede lo mismo que en Estados Unidos y en Rusia. Aquí lo importante son las personas y no los personajes.
Aun así, no podemos negar que en Europa y en el mundo, el populismo y la extrema derecha están fagocitando años y años de luchas y derechos de manera fulminante y despiadada.
Estamos a tiempo de hacer pedagogía con nuestros hijos para explicarles cuánto costó conseguir lo que, en un abrir y cerrar de boca (esa palabrería populista que seduce a las masas), podemos perder completamente.
Hay que reaccionar y hacerlo ya. Y hacerlo de manera contundente. Hay que trabajar para poner en valor lo que realmente lo tiene. Y hay que empezar por nuestros hábitos de consumo mediático y social.
Es imposible regular lo que cada persona decide consumir, pero hay que controlar y limitar todo aquello que hoy es permisible sin pena ni jurisdicción ninguna.
Como periodista, pido que seamos rigurosos con las noticias, su tratamiento, y qué mensajes se priorizan.
Como político, pido retratar entre todos los que pensamos igual, que son seguramente muchos, a Putin y a Trump ante el mundo. Y alertar de todos los perjuicios que nos están comportando y los que vendrán.
Finalmente, sumémonos al alto al fuego en Palestina y al compromiso con los valores de la paz, la legalidad internacional y el respeto a los derechos fundamentales.
El diálogo, la paz y la justicia no merecen ese segundo plano al que les están condenando Trump, Putin y Netanyahu, entre otros.
El mundo es de color y no es blanco y/o negro. Eso ya pasó y ya lo sufrimos y lo seguimos sufriendo.
Cambiar el presente cambiará nuestro futuro como sociedad y como mundo.






