Estaba dispuesto a presentar la hipótesis de por qué la derecha parece tener mucha aceptación, pero un par de cosas coyunturales han salido a la palestra.
La primera, la manipulación por parte del PP de una foto de Pedro Sánchez en el Congreso en que se adivinaban rasgos entre magrebíes y centroafricanos. Julius Streicher, Gauleiter de Nuremberg, era el dueño del periódico Der Stürmer, una publicación nazi de intensas campañas racistas y demás ideas ultras. Pues bien, se especializó en caricaturas y viñetas donde tétricos individuos de rasgos africanos, labios gruesos y narices semíticas cometen todo tipo de atrocidades contra víctimas nórdicas de blancura inmaculada. Eran los años del nazismo en Alemania, pero oye, si la cosa funciona, es que es una buena idea, así que el PP debe tener a su particular Julius, volcán creativo sin duda.
Lo malo es que, mientras los creadores y creadoras de la historia se han dedicado a mejorar y alegrar la vida de la gente, este es un pobre imbécil como el otro, lacayo del mal. Pero claro, si tu jefe es algo peor que, después de hacer el ridículo en el Congreso, va por ahí diciendo que si epidemias en Ceuta y que ahora los ceutíes no pueden salir de casa porque se la pueden encontrar ocupada…
Y la segunda, Podemos, Ione Belarra, esa agente de la extrema derecha que se dedica a flagelar sin piedad a la izquierda porque ella es la verdadera (qué buena Torquemada hubiera sido). Ahora se descuelga con la sumisión de Pedro Sánchez por la información que maneja Marruecos sobre él. Vamos a ver, Ione: ¿tú crees que con las ganas que USA e Israel le tienen a Pedro Sánchez, si Marruecos tuviera información de algo, esos dos no lo hubieran utilizado ya? Donald Trump, del que por cierto no te oigo decir nada, con algo así sería como un mono con dos pistolas.
Qué pena de adanistas y qué daño han hecho desde el primer día a la izquierda realista, pero ahí están votando con PP, Vox y Junts contra el gobierno. Alguien del PP dijo una vez que, de no existir Podemos, habría que inventarlo… Empiezo a pensar que el llamamiento no cayó en saco roto y a la faena se pusieron.
A ver si la semana que viene se puede hablar de otra cosa.








