Un enardecido Abascal llama “mierda” en un mitin al presidente del gobierno, después “rata” al ministro del Interior. Días después sube la apuesta y llama a Pedro Sánchez “chulo putas”. Todo ello con un grupo de jóvenes detrás que, entusiasmados, cantan lo de “Pedro Sánchez, h de p”.
Es evidente que se destila odio desde el momento en que se deshumaniza al adversario y algo hay que hacer. No solo denunciarlo, sino poner medidas aun cuando muchos de los que las deben poner juegan en ese campo.
Esto viene a colación de que esto del odio no nos debe extrañar y sí estar en guardia porque no es nuevo, es histórico, y este es mi campo. ¿Alguien puede señalar un momento de la historia contemporánea de España en que la derecha patria se haya mostrado de forma civilizada?… Los hooligans de Cánovas que existen en las escuelas privadas de Madrid, seguro. No era difícil, ya que el rasgo de civilización era un sistema caciquil, de los de la tierra que piso es mía y si estás es porque te lo consiento y exploto, donde el resultado de las elecciones se sabía a priori y donde cualquier reivindicación social o era reprimida o se escuchaba en interminables sesiones de la comisión de reformas sociales sin resultado. Eso molaba, pero sigamos indagando en la derecha patria.
Seguro que hay seguidores de Primo de Rivera, Miguel, y su dictadura. De su hijo José Antonio, que hablaba de la dialéctica de los puños y las pistolas. De José María Gil Robles, que se hacía saludar brazo en alto, cuyo programa era cargarse todas las reformas iniciadas por los gobiernos de izquierda de la República, y ariete de la Iglesia que declaró la Guerra Civil como cruzada. ¿Y qué decir de los sublevados encabezados por Franco y sus cuarenta años de terror? El PP fundado por Fraga, “la calle es mía” y seis ministros franquistas más y sus formas cuando no están en lo más alto. Reacción del que se siente desplazado de lo que le pertenece por derecho de conquista y que deriva en odio hacia el “usurpador”.
Alguien dirá que es exagerado y que no todos cumplen el requisito. Puede ser, pero sus larguísimas estancias en el poder y cómo lo consiguieron dicen otra cosa, y no digamos todo lo que hacen hasta recobrarlo. No es privativo de España, pero que nadie se extrañe de los Tellado, Vito, los chicos y chicas de Abascal. No solo es una sospecha que, si pudieran, nos harían desaparecer; es que lo verbalizan.
Y vuelvo al principio. Viendo a todos aquellos, les imaginé vestidos con camisas pardas, negras y azules, pero también algo que no hace falta imaginar y se ve y se palpa: odio.








