Ya conocen que las cosas diplomáticas con Israel no están en su mejor momento, incluso Netanyahu nos amenaza con algo inmediato y conociendo como las gasta el fulano de vez en cuando ando mirando al cielo. Pero la cosa empeoró con la detención del sargento español miembro de las fuerzas de la ONU por parte del ejército más moral del mundo. Son palabras de su jefe, azote en la tierra de palestinos y al que él considera que es antisemita, que es todo aquel que no le de la razón.
Reacción inmediata del gobierno español y un poco más renqueante de la oposición por boca de su portavoz, Ester Muñoz. La respuesta al ser preguntada, la conocida, ella ha estado más tiempo retenida en un control de carretera. Cómo dijo el ministro Albares ¿qué habría hecho para semejante parada? ¿Indagamos? ¿Tuvo que andar sobre la línea?… Y como no se le ocurrió en ese momento cómo echarle la culpa a Pedro Sánchez, lo más probable es que, como hace habitualmente dijera lo primero que le vino a la mente que suele ser una idiotez.
El caso es que este es el nivel, porque Esther Muñoz es palabrería sin cerebro, mala leche concentrada y comunicada de la manera más basta y ordinaria, la grosería convertida en, me niego a llamarlo discurso político, deposición verbal. Es incapaz de debatir, embiste. No razona, así que lo más fácil es insultar. Mal educada, zafia, y eso sí, jaleada y justificada por los suyos como si fuese Juana de Arco. El problema es que el resto no le va a la zaga porque podríamos haber escrito esto mismo sobre Tellado, Hernando, el portador de bolsas de la mujer de Rajoy, y tantos diputados y senadores…
En fin, Señor dame paciencia pero ¡Ya!








