Luís Miguel Guerra es profesor, historiador, novelista y secretario de Formación del PSC de Barcelona, así como miembro del Comité de Redacción de l’Endavant!
Se dice, de un tiempo a esta parte, que determinados personajes hablan directamente a sus parroquias, que es lo mismo que decir que se dicen cosas muy gordas para consumo interno, con la intención de mantener activos y contentos a los propios que, parece ser, son un grupo que se traga, sin crítica ni enmienda, todo lo que sus jefes producen.
Eso de hablar para la parroquia me parece que lo que refleja es el poco respeto que se tiene por el votante y por la democracia, o al revés, tanto monta. Porque si tienes que mantener un público así de irracional y consumidor de bestialidades, la cosa es que no funciona muy bien o, simplemente, que tienes un concepto de tu gente bastante bajo. Y, por supuesto, si la idea es que el sistema funcione a base de vísceras, provocando efectos de acción-reacción, algo tan fundamental como es la racionalidad y el diálogo desaparecen y, por lo tanto, la democracia deja de serlo. La llamarán como quieran, pero democracia no es. Hay que ponerle otro nombre, porque las cosas o son o no son. Y en política eso de “se parece” no cuela, o no debe colar.
Cuando escuchas a auténticos indocumentados, cuyos hechos y logros les dan a conocer, aseverar con cara seria y seguridad pasmosa, cosas que no se sostienen ni por contenido ni por forma, los analistas dicen: “no hay que hacer caso lo ha dicho para la parroquia”. Por no decir lo que Sócrates les hubiera dicho: “eres idiota”. Así que solución, los idiotas son ese grupo de consumidores de cosas de estas. Y ¡ojo! Funciona. El otro día, una respetable señora de derechas a la pregunta de si le había subido la pensión dijo que sí, pero que daba igual porque los precios estaban mejor con el 0’25 de Rajoy. Así por supuesto que hay quien habla para la fiel parroquia.
No hay día que no se oiga una barbaridad que es capaz de tapar cuestiones como las de Gaza, Ucrania, la lucha contra la inflación, la subida de las pensiones, el cambio climático y vaya usted a saber cuántas cosas más, que parecen ser minucias al lado de, por ejemplo, llamar “escoria” al adversario político, hacer una lista de jueces diciendo que son delincuentes, amenazar con desestabilizar a un gobierno, decir que si se prohíbe el tabaco se pasarán al fentanilo, …
Y sólo faltaba el líder de los populares europeos, que ante el embeleso de los eurodiputados y eurodiputadas del PP convirtió un debate de política europea, en un conjunto de lugares comunes de la derecha española, trufado de amenazas y reproches al presidente Sánchez. Manfred Weber se llama y es partidario de blanquear a la extrema derecha y compartir con ella.
Me ha recordado a Feijóo. ¿Por el porte? No, por indocumentado. Un alemán, desde que le empiezan a enseñar, sabe que uno de los grandes errores que hizo que Hitler llegará al poder fue el blanqueamiento y la aproximación que la derecha cristiana hizo con los nazis, convencida de que los iba a controlar. Lo demás, ya se sabe… Como se dice por ahí: “Lo que la inteligencia no da…”




