El maestro de historiadores Carlo M. Cipolla -que hizo de la brevedad y la concisión explicativa un arte- nos regaló una obrita que se puede comprar por separado o con otras (allegro ma non troppo) que se llama Las leyes fundamentales de la estupidez humana.
A algunos de los que me leen les sonará este comienzo, pero es que la idiotez no tiene enmienda y esta semana hemos asistido a una nueva prueba de que el maestro Cipolla, lejos de estar pasado de moda, sigue siendo de rabiosa actualidad.
Les transcribo la tercera ley fundamental: “una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”.
Viene esto a cuenta del show/espectáculo/aquelarre dado por Junts esta semana. Debe ser duro levantarse cada mañana con un ideal en el horizonte siempre inalcanzable y asearse frente al espejo pensando en Ítaca, tarareando canciones patrióticas. Después, salir a la calle totalmente indignados y cabreados. Finalmente, se sientan en línea en una mesa y con cara de representar las siete plagas de Egipto, anuncian el final de los tiempos políticos.
No me digan que no es el ejemplo palmario en el que podría haberse inspirado Cipolla. Ahora pónganle cara, o bien la de la portavoz o la del de Waterloo. A Miriam Nogueras habría que decirle que estar tan indignada no es bueno para la salud; que chantaje y política no son sinónimos. Y otra más. Irse corriendo a Foment del Treball a dar explicaciones de la estupidez solo indica una cosa: que es una supina estupidez. Pero Puigdemont ya no sabe qué hacer y en aquel juego de la gallina que comenzó en 2017 siguen, a ver quién se estrella antes sin darse cuenta de que todo el mundo se ha retirado del juego y de que la pared le espera.
En la fauna política de la derecha hay de todo. No todo el mundo es estúpido, según la definición de Cipolla. Hay bobos solemnes, malas personas, ignorantes de verbo fácil, mentirosos compulsivos, falsificadores de currículos, negociantes sin escrúpulos, jueces salvapatrias, patriotas de boquilla y seguro que se les ocurren más y con nombre y apellido. Y si a esto le añadimos la corte de los milagros que les amplifica y jalea, pues ya tenemos el panorama completo.
Pero no se desesperen porque siempre aparecerá alguien que a estos les haga buenos. Y si no, al tiempo.





