L'Endavant. Altaveu dels i les socialistes de Catalunya

Recuerda Weimar

Recuerda Weimar
  • Luís Miguel Guerra

    Profesor, historiador y novelista. Miembro del Comité de Redacción de l'Endavant!

La historia ofrece ejemplos claros, que para eso está. Ahí tenemos la República de Weimar, cuya caída no se produjo solo por el enfrentamiento entre izquierdas y derechas, sino porque, entre otras razones, se dejó de creer en el sistema democrático como marco válido y convenciendo a los que deberían haberlo mantenido, la ciudadanía, de que lo mejor era lo que debía de venir protagonizado por la extrema derecha.

En un momento de profunda polarización política, crisis institucional y desconfianza social, azuzado por la extrema derecha nacional e internacional, el debate ya no debería girar en torno a si uno es de izquierda o de derecha, liberal o conservador. Hoy es algo más elemental: estar con la democracia o no estarlo.

Durante décadas, las ideologías marcaron y estructuraron el debate público. Los proyectos políticos tenían un marco común reglado, respeto institucional y aceptación de resultados electorales, o lo que es lo mismo, el marco democrático.

La división de poderes, la libertad de prensa, el respeto a las minorías, la independencia judicial y la aceptación de la alternancia. Es reconocer que el adversario político no es un enemigo que destruir, sino un competidor legítimo. Cuando se relativiza el respeto a las reglas, todo se vuelve accesorio: la verdad, la justicia, los derechos.

Desgraciadamente, la prioridad no es qué programa aplicar, sino asegurar que exista un sistema donde los programas puedan competir libremente. La democracia es el “cómo” que hace posible el debate sobre el “qué”.

Hoy, más que nunca, la línea divisoria no pasa entre izquierdas y derechas, sino entre quienes aceptan reglas comunes y quienes están dispuestos a vulnerarlas para imponerse. La elección no es ideológica, es estructural. O se está con la democracia o contra ella. La cuestión es que la deriva de la derecha española del PP no se escora hacia el lado de la democracia, sino hacia el otro lado. Ciertamente, su origen ya sabemos cuál es y que la cabra tira al monte, pero uno tenía la esperanza de que algún liberal o demócrata cristiano quedara por ahí; pero si están, no se les espera. Eso sería si el PP fuera un partido de derechas normal, pero viendo lo que hay dentro, sus relaciones, sus negocios y sus contactos, comienzo a pensar que el mejor ambiente para prosperar es el que le puede proporcionar la antidemocracia.

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