Luís Miguel Guerra es novelista, historiador, profesor y secretario de Formación del PSC de Barcelona. También es miembro del Comité de Redacción de l’Endavant!
En una de las clases de mi escuela los alumnos y alumnas de uno de los Ciclos que impartimos han colgado un mural realmente muy vistoso. Sobre un fondo de recortes de periódico, que no suelen dar buenas noticias precisamente, han pegado unas manos de diferentes colores y un lema: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”
No era la primera vez que lo veía, pero ahora en el silencio del aula vacía he pensado que dentro de un mes podía convertirse en algo subversivo. Lo digo por los pactos firmados por la ultra derecha y la ultraextremísima derecha, porque ya no distingo nada en el PP que se asemeje a algo moderado. Pactos en los que se suprimen concejalías y consejerías sociales, de derechos y demás…
La pluma es más poderosa que la espada dicen, supongo que para consolarnos. Así que, sólo me queda la palabra escrita y la voz a pulmón…
¿Es que nadie se acuerda de lo que ha sufrido este país con esa gente?
¿Por qué piensan algunos que no son lo que eran que no puede ser que se retroceda?
Pues sí, es posible porque son lo que son y lo estamos viendo, lo están escribiendo. Cada episodio de violencia como el de Salamanca, tiene detrás a alguien de Vox con el silbido cómplice del Partido Popular.
¿Hemos de verlos pasear con camisa y correaje para que nos demos cuenta de la metedura de pata? ¡Maldita sea! ¿Alguien se comería una seta venenosa porque ha pasado tiempo y a lo mejor lo es menos? No, porque te mueres.
Jóvenes que presumen de ser de VOX, es decir, machirulos de barra de bar (las juventudes de PP en lugar de bono cultural te invitan a chupitos y a fiesta por tener el carnet) de lenguaje machista y violento y la fuerza por bandera o ya no nos acordamos de aquello de “tú no sabes con quién estás hablando” y eso sí: muy devotos de Frascuelo y de María (me pregunto qué diría hoy don Antonio Machado), de la cabra de la legión y de tantos y tantos arquetipos que a alguno le pueden parecer cosas del pasado pero que, en el fondo, le gustan. Vamos a ver qué pasa, hagamos la prueba
Un señor bien pensante de cartera repleta en un desayuno del Ritz, entrevistado para la Sexta, dijo que menos mal que en un mes todo cambiaría, que esto era muy aburrido…. Hay una historia del aburrimiento, la de aquellos jóvenes (lean prensa y literatura de la época) que con alegría vemos camino del frente en la Primera Guerra Mundial, por fin algo diferente. Qué gran aventura. Los que se subieron al carro del fascismo, estaban aburridos de vivir bien, la aventura de la violencia, del ordeno y mando de sentirse superiores, de machacar al diferente…
Vuelvo al lema, que espero y deseo siga ahí sin haberse convertido en algo ilegal el día 24 de julio. La igualdad, la diferencia (en palabras de mi admirado Ángel Gabilondo, un hombre bueno, derecho a la diferencia pero sin diferencia de derechos) y la libertad (no la de tomar cañas) son aburridas. La democracia y el estado bienestar son aburridos, las leyes hechas para garantizar todo eso son aburridas… Bendito aburrimiento.




