Escribo esta nueva entrada tras asistir como invitado al 41 congreso del PSOE en Sevilla. Y alguien puede pensar que por el título lo ocurrido allí habrá sido regocijante. Pero no va de eso, aunque he de decir que percibí buen tono y concordia.
Lo de hoy tiene que ver con la vuelta que me di por Sevilla el sábado, una ciudad preciosa que merece verse. Así que me introduje por sus callejuelas, camino de la catedral y sus alrededores. Cual no fue mi sorpresa que de pronto me vi en medio de una enorme cantidad de gente que avanzaba lenta y apretadamente, de tal manera que si se hubieran dirigido hacia la Maestranza me hubiera visto sin querer sentado en el tendido del 7.
Pero no. Se trataba del encendido de la luces navideñas. Miles de familias y curiosos, además de uniformes de cofradía. ¿Es esta la alegría a la que me refiero? No, y eso que era grande.
En la plaza del ayuntamiento un animado muchacho pinchaba discos incitando a cantar y bailar bajo un enorme logo de “COPE, Sevilla”, cada cual hace lo que quiere con su dinero. Lo que me llamó la atención fueron las cuñas publicitarias gritadas con entusiasmo por el presentador y jaleadas por unos cuantos. Además de cantar las glorias del ayuntamiento de Sevilla, una me llamó especialmente la atención. Las veces que anunció la buena nueva. Llega a Sevilla la universidad del CEU (para los que no lo sepan, privada y de los propagandistas de la fe) que llevará por nombre Fernando III… Debe ser que por fin llega la enseñanza superior a la capital hispalense, no como hasta ahora… Qué suerte. Algunos que supongo les da igual que se grite eso que ¡“Vicks Vaporoub”! a lo que respondería ¡Viva! gritaban con fe, nunca mejor dicho cuando san Fernando anda por en medio. Pero tampoco es esa alegría…
Me refiero a la que practica la derecha ya sin ningún pudor liquidando la universidad pública y como unos pijo pobres pueden votar a quienes les están diciendo, “esto de estudiar es para los de siempre”, “Tú bastante tienes con saber leer y escribir” pero lo justo, no sea que además de juntar letras, pienses. Es la alegría vista ayer con la que el gobierno andaluz denigra la institución, sin olvidar el paso dado en Madrid con total regocijo, ya que el dinero de la universidad va a los toros. La “alumna ilustre” de la Complutense” ha decidido que con tomar cañas y calamares es suficiente. O lo que es lo mismo, igual que decidió quién vivía y quién no en la pandemia, ha decidido quién estudia y quién no.
Que los hijos y las hijas de los trabajadores fueran a la universidad fue un signo de ciudadanía. Sin olvidar lo que representaba frente a la dictadura… Pero ya se sabe, es de bien nacido ser agradecido y si sus ancestros actuaban como actuaban contra ella, por algo sería… Ha durado cuarenta años. Ayer vi unos cuantos que se regocijarán viendo como los amos entran en la Fernando III. Con mucha alegría, por supuesto.




