La respuesta socialdemócrata ante el desafío del ciberpopulismo
El populismo ha existido siempre. Europa vivió muy malas experiencias durante el siglo XX: el fascismo, el nazismo, el estalinismo y el franquismo, entre otros, utilizaron métodos como el maniqueísmo, el simplismo ideológico, la creación de enemigos, el identitarismo y la deshumanización del adversario. A ello se sumaron discursos conspirativos, pasionales y la condena de la ciencia y la racionalidad.
Sin embargo, pese a la infinidad de desgracias y perversiones que acarrearon esos populismos, algunas de sus peores trampas reaparecen en nuestro horizonte: la demagogia, la construcción del enemigo y la división del mundo en blanco y negro. Hoy ese populismo se ha dotado de nuevos medios: las redes sociales y el tecnofeudalismo están generando lo que puede denominarse ciberpopulismo.
¿Cómo sobrevivirán el Estado de derecho y la democracia a este nuevo ciberpopulismo? ¿Qué respuesta debe darse desde la izquierda y la socialdemocracia? ¿Qué ha de cambiar en la comunicación política para afrontar este desafío?
Abrimos este debate para intentar responder a esas preguntas. La primera aportación es un artículo de Gabriel Colomer, senador, politólogo y experto en comunicación electoral y política. Su texto —“¿Vivimos en la era de los monstruos?— plantea un interrogante fundamental: ¿puede quedar la democracia rehén del ciberpopulismo?









