L'Endavant. Altaveu dels i les socialistes de Catalunya

15-M

15-M

Se han cumplido 13 años de lo que se bautizó como 15-M. Aquella acampada en la Puerta del Sol de Madrid, que dio lugar a que el movimiento se escampara por toda España, incluso Europa. Hoy, volviendo la vista atrás -lo que me toca por oficio y la experiencia y observación de estos años- me reafirmo en lo que en su día pensé. Es cierto que mi faceta de historiador me hace ser pesimista y no creo en algunas cosas en las que me gustaría creer, pero los avisos del pasado y los que nos han advertido sobre ellos están ahí y todo aquello, sin perjuicio de los que pensaron que era una gran cosa y creyeron en ello, merecía ser visto con distancia aunque ya entonces, y pudiendo equivocarme, no me pareció algo tan noble y puro como decían.

Movimiento de los indignados, la política la practica una casta, en la plaza se tomaban decisiones de manera asamblearia tras eternas discusiones… La democracia tenía que ser regenerada o algo así. En plaza Cataluña de Barcelona se subieron a los árboles a montar sus viviendas y en otros sitios acamparon. Un movimiento en perpetuo éxtasis político, un remedo de revolución popular y de amor fraterno.

El resultado fue una mayoría absoluta del Partido Popular, amén de que la izquierda perdió ayuntamientos como el de Barcelona. Después nunca más se supo del movimiento 15M, ninguna manifestación contra la derecha, ninguna acampada, nada que se le pareciera, hasta la aparición de los que dijeron haber apadrinado todo aquello dirigidos por un personaje encumbrado por el grupo Antena3. Irrumpieron y cumpliendo con el papel del perfecto partido de extrema izquierda, se purgaron y se auto inmolaron no sin antes abrir la puerta a la esperada llegada de la extrema derecha. Recuerdo que en una charla sobre lo que estaba sucediendo se me ocurrió decir que estábamos viendo la antesala del fascismo. Ni que decir tiene que recibí no precisamente parabienes. No era ninguna profecía, era un análisis histórico, nada premonitorio y con el deseo de que no se produjera. Simplemente traté de explicar algunos avisos del pasado.

Les recomiendo, como ya he hecho alguna vez, la lectura de un clásico, Antonio Gramsci, pensador italiano que pasó sus últimos años en las cárceles de la Italia fascista. “Hay que impedir que ese cerebro piense durante al menos diez años”, dijo el fiscal en la parodia de juicio. Pues bien, hay un escrito suyo sobre los movimientos espontáneos y qué puede pasar con ellos, y, a veces, ni son tan espontáneos y su objetivo es todo lo contrario a su empuje inicial.

Repito que no soy conspiranoico, los resultados están ahí. Y vuelvo a repetir que hubo mucha gente que se vio arrastrada de buena fe y que de verdad pensó que estaba formando parte de una revolución o algo así. El problema es que todo se planteó de manera tan simple, tan de brocha gorda, tan injustamente contra mucha gente dedicada a la política, mucha gente que conocía y conoce el oficio en el sentido más positivo de la palabra, muchas personas que sufrieron personalmente el desprecio y tuvieron que aguantar que todo lo habían hecho mal. Ahora llegaba el adanismo a decirles lo que tenían que hacer para enderezar sus erradas vidas.

Me gustaría contar dos anécdotas sobre todo esto.

La primera fue un 11 de septiembre, en el homenaje anual a Salvador Allende. Acto que se celebra desde hace décadas en la plaza del mismo nombre y al que acuden los partidos de izquierda, especialmente el PSC, por tratarse del compañero presidente. Por cierto, nunca vi a algunos “comunes” insignes por allí, hasta que ganaron la alcaldía. Pues bien, aquel año había un grupo de indignados acampando en la plaza y pidieron hablar en el acto. Nadie se lo impidió. Recuerdo que el chico que subió a hablar con unos cuantos papeles en la mano comenzó con “Allende fue un político honrado no como, etc. etc.” Ya pueden imaginar. A continuación y tras la airada introducción comenzó a leer literalmente el artículo de la Wikipedia sobre Allende. Pocos le hacían caso mientras leía y leía. La impresión es que jamás había oído hablar del personaje, ni sabía a quien se estaba dirigiendo. A mi lado estaba alguno que había pasado por las cárceles de la dictadura mientras recibía una clase de democracia, lucha y honradez por un muchachito que había sido iluminado con el don de la verdadera política. La ignorancia es osada.

Y la segunda. Fue en el homenaje anual a las Brigadas Internacionales, en el monumento a la Brigada Lincoln. También se unió el grupo de indignados que se habían hecho con unas cuantas banderas republicanas. Lástima que aparecieran con ellas puestas al revés. Algunos tuvimos que mediar para evitar palabras mayores con los que llevaban yendo allí décadas y saben de qué va todo esto. Ni sabían qué era la Segunda República, ni las Brigadas y hasta alguno debió de sorprenderse de que se hablara de una guerra civil. Lo dicho, la ignorancia es osada y el adanismo una lacra que encanta a la derecha.

  • Luis Miguel Guerra

    Profesor, historiador, novelista y secretario de Formación del PSC-BCN. Miembro del Comité de Redacción de l'Endavant!

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