L'Endavant. Altaveu dels i les socialistes de Catalunya

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  • Luís Miguel Guerra

    Profesor, historiador y novelista. Miembro del Comité de Redacción de l'Endavant!

He visto últimamente dos series en televisión que merece la pena comentar. La primera está dando mucho que hablar, se trata de “Adolescencia”. Unos inquietantes cuatro capítulos que interpelan directamente y ante la cual no se pueden mantener las distancias. Rodada en plano secuencia, nos sumerge en un mundo muy cercano y a la vez distante, y de la que pueden extraerse múltiples lecturas; cada uno escogerá las suyas.

Personalmente voy a señalar una, la que conduce al fascismo. De cómo el virus se introduce a través de medios que ni siquiera sabemos que existen. Cómo anida a nuestro lado, en nuestros trabajos, en nuestra misma casa, sin percibirlo, agazapado donde menos te lo esperas, incluso viéndolo, pero sin entenderlo. Una auténtica bofetada que no es de buen gusto porque no es una serie que quiera agradar y que deja turbadores mensajes.

Y voy por la segunda y que tiene relación con la anterior, “M, el hijo del siglo” sobre la llegada al poder de Benito Mussolini. El primer volumen de la tetralogía de Antonio Scurati sobre el dictador italiano. Esta vez, ocho capítulos en los que el protagonista habla con los espectadores y con guiños al mejor cine italiano, Fellini, nos muestra la brutalidad y el trasfondo del fascismo.

Dos momentos de la historia, con personajes diferentes, países diferentes, con diferentes medios, los de los años 20 y los de la actualidad, pero con el mismo resultado: la deshumanización de la persona y la brutalización de la sociedad.

Lo de Mussolini ya es historia, lo de “Adolescencia” es actualidad, pero las palabras de “Duce” producen tanta inquietud como las de Jamie Miller.

El fascismo siempre ha estado ahí y estará. Con diferente nombre aparece una y otra vez. Si la historia sirve para algo, es para reconocer las señales de su reaparición y es que al fascismo no hay que ignorarlo, hay que comprenderlo, que no significa ni justificarlo ni perdonarlo. Significa combatirlo y derrotarlo. Obligación de todos es hacerlo, que no sea por nuestro silencio.

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