No dejaron ni que se debatiera. Porque el voto de las derechas fue un no a que el Congreso pudiera iniciar un proceso de debate sobre la reducción de la jornada laboral. Comenzar un trámite parlamentario en el que las propias derechas pudieran presentar sus propuestas o cambios a la reforma. Aunque finalmente acabaran rechazándola. Pero ni siquiera. Fue un no a 12 millones de trabajadores.
Lo que ocurrió en el Congreso, sin embargo, fue el ensayo del Partido Popular, Vox y Junts de un discurso para intentar, una vez más, justificar sus verdaderos intereses de clase. La que los financia y la que les ordena.
Pero lejos de lo que a priori parece un debate exclusivamente de clases, la reforma para reducir la jornada laboral es, también, una cuestión de género. No nos engañemos: la mujer es, en su mayoría, el eje vertebrador de los sectores de servicio o producción, donde los salarios, las condiciones y las jornadas laborales son las más desagradecidas del panorama español.
Limpiadoras, cuidadoras, dependientas, cajeras, camareras de hotel, trabajadoras del hogar… Son ellas las que, por ejemplo, tienen peores convenios laborales. Son ellas las que cobran salarios mínimos, las que tienen menos capacidad de negociación frente a sus empleadores o las que se enfrentan a más contratos a tiempo parcial, fruto de la organización empresarial que busca mayores beneficios a costa de la mano de obra. Son trabajos que, además, suponen grandes esfuerzos físicos y que se suman a una conciliación familiar, en muchos casos, inexistente.
Los datos son reveladores. Según el Instituto Nacional de Estadística, hay más de 2,8 millones de ocupados con jornada parcial en España (dato del segundo trimestre de 2023). El 73 % son mujeres y el 27 % son hombres. Si entramos en detalle, los motivos más frecuentes por los que estas mujeres trabajan a tiempo parcial son la dificultad para encontrar un empleo de jornada completa (46,0 %) y el cuidado de menores o de personas dependientes, enfermas o mayores (17,4 %).
Reducir la jornada laboral no solo es mejorar las condiciones laborales, por ejemplo, para todos estos trabajadores a tiempo parcial. En muchos casos, también implicaría un incremento salarial: aumentaría el porcentaje de horas de trabajo respecto a la jornada completa. Sin contar, por supuesto, lo que significa para cualquier persona poder destinar más tiempo a su vida privada.
Es muy simple: PP, Vox y Junts votaron no a reducir 30 minutos la jornada laboral. Votaron no a la conciliación. Votaron no a la clase trabajadora. Y votaron no, de nuevo, a trabajar por las mujeres. Lo hicieron sin aportar, ni tan siquiera, su propuesta. Sin intentar llegar a un acuerdo que afecta a todo un país, independientemente de si el votante es de derecha o izquierda. Es la diferencia entre ellos y el Gobierno progresista. La diferencia entre legislar para unos pocos que distinguen entre ciudadanos o legislar para todos sin dejar a nadie atrás.




