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Aborto, natalidad o como tratar de restringir los derechos de las mujeres

  • Per Rubén Castro Torres
  • Publicat a Opinió

Los derechos sexuales y reproductivos parecen volver al tablero de juego de la actualidad política. Todo cuando tras el fracaso del intento de contrarreforma de Gallardón los debates regresivos parecían quedar atrás en nuestro país.

Ahora sería el momento de debatir el refuerzo de la atención pública o la sensibilización a jóvenes, entre tantos otros asuntos candentes.

Sin embargo algunos titulares nos alertan de una nueva ola por el retroceso en la legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

En esta ocasión el debate se ha abierto con un planteamiento burdo y fácilmente desmontable: hay que restringir el aborto porque hay que mejorar la natalidad.

Una medida simplista porque el envejecimiento poblacional o una menor natalidad no puede resolverse restringiendo los derechos de las mujeres en ningún caso. No hablamos de fábricas, sino de seres humanos. Mujeres.

En segundo lugar, como ya he indicado, el argumento utilizado es inconsistente y desmontado por la propia realidad:

La tasa de interrupción voluntaria del embarazo en nuestro país se ha reducido tras la entrada en vigor de la Ley de 2010. De las 113.031 interrupciones de 2010 se ha pasado a 94.123 en el año 2017.

Además, si miramos con perspectiva de futuro, la tasa de abortos entre jóvenes de hasta 19 años ha descendido del 13 ‰ de 2010 a al 8 ‰ en 2017. Y de un 20 ‰ a un 17,4 ‰ en el caso de las jóvenes de 20 a 24 años. En ese sentido, la legislación de plazos funciona.

Por otro lado, cabe recordar que la restricción en el acceso al aborto no conlleva una reducción de este, sino que abre la puerta a un mayor número de abortos inseguros, como alerta la Organización Mundial de la Salud o Naciones Unidas de forma reiterada. Las consecuencias pueden ser demoledoras para la salud y la vida de las mujeres, como se puede comprobar en algunos países y como sucedía en España en épocas pasadas.

Pensemos que la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo no es tan solo la “ley del aborto” como popularmente se la conoce. Abarca toda una estrategia de prevención y acción por la salud y los derechos sexuales y reproductivos, con medidas en el ámbito de la salud, pero también social y educativo, entre otros.

Una ley con medidas y principios necesarios, que aún cabe desarrollar en muchos casos.

Por ello, restringir el aborto es restringir mucho más que la interrupción voluntaria del embarazo. Es restringir derechos, prevención, educación y salud, y sobretodo libertad de las mujeres.

Que nadie dude que se está intentando abrir un nuevo frente. Una ofensiva premeditada y que se refuerza con los mitos y falsedades que se están planteando por parte de diferentes sectores contra la ley de violencia de género o contra las políticas de igualdad en general. La pretensión de liderar esa ofensiva por parte de algunos partidos es alarmante.

A quienes quieran mejorar la natalidad debemos recordar que las mismas políticas de igualdad que están cuestionando son posiblemente la mejor respuesta para mejorar, entre otras muchas cosas, la natalidad en nuestras sociedades.

¿Cómo sino arreglaremos las dificultades en la conciliación de la vida laboral, familiar y personal?

¿Cómo podremos abordar la falta de corresponsabilidad que hace que las mujeres sigan haciéndose cargo de la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados?

¿Cómo podremos acabar con el techo de cristal, la segregación horizontal, la brecha salarial o el no poder acceder a empleos a tiempo completo?

La respuesta a estos dilemas solo puede venir de medidas basadas en la igualdad, los derechos laborales y los servicios públicos.

La mejor estrategia para mejorar la natalidad en nuestra sociedad es blindar y reforzar el Estado del Bienestar, garantizar los derechos de las mujeres y avanzar por una sociedad más igualitaria.

El intento de regresión con la contrarreforma del aborto del ministro Ruiz-Gallardón fracasó estrepitosamente por tratar de imponer unos determinados valores religiosos, basándose en prejuicios y dejando de lado todas las recomendaciones científicas e internacionales.

Intentaron avalar mitos como el de las “mujeres malvadas”, como si interrumpir un embarazo fuera una acción premeditada, alegre o sin repercusiones. Trataron de relacionar el aborto con el nivel formativo de las mujeres. Inventaron una suerte de “violencia estructural” que aseguraban obligaba a las mujeres a abortar.

Todos esos mitos fueron desmontados, las reivindicaciones llenaron las calles con fuerza (recordemos el Tren de la Libertad), los organismos internacionales se pronunciaron en contra de la contrarreforma… y el Gobierno tuvo que aparcar su proyecto regresivo.

La historia está llena de intentos por volver atrás en lo que a derechos de las mujeres se refiere. De reacciones en contra ante cualquier avance. Pero también de la respuesta firme y argumentada de quienes creen en la igualdad y en la libertad.

Rubén Castro Torres

· Experto en violencia de género por la UNED y Postgrado en Género e Igualdad por la UAB.

· Director de “Iguales” en Radio Sant Andreu.

· Director del portal Conigualdad.org

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