Endavant! 1945 | Hemeroteca

El genocidio yazidí continúa, cinco años después de la masacre

Un hombre camina por la calle en Sinyar, en el norte de Irak, el 1 de agosto de 2019 frente a un muro en el que se puede leer en árabe "3 de Agosto, el día en que se extinguió la humanidad". EFE/YASER YUNES 	   Un hombre camina por la calle en Sinyar, en el norte de Irak, el 1 de agosto de 2019 frente a un muro en el que se puede leer en árabe "3 de Agosto, el día en que se extinguió la humanidad". EFE/YASER YUNES

Cinco años después del genocidio del Estado Islámico (EI), los yazidíes necesitan ayuda médica y económica urgente y una "solución política" que les permita recuperar la esperanza de que es posible reconstruir sus vidas en la tierra de sus ancestros, en el norte de Irak.

"Necesitan apoyo médico y psicosocial urgente", pero también "fe y pasos políticos concretos que les devuelvan la esperanza de que una vida en Irak es posible", explica a Efe el psicólogo alemán Jan Ilhan Kizilhan, que ha tratado a más de 1.400 jóvenes usadas como esclavas sexuales durante el "califato".

La nobel de la Paz y voz de miles de esas mujeres esclavizadas, Nadia Murad, lo tiene muy claro: "El sufrimiento, el miedo y la incertidumbre que persisten en la comunidad yazidí demuestran que el proceso de genocidio continúa".

EL GENOCIDIO

El 3 de agosto de 2014, unos 6.500 yazidíes, la mayoría mujeres y niños, fueron secuestrados en la comarca iraquí de Sinyar, hogar de esta minoría, cuyas raíces se remontan a 2.000 años antes de Cristo, "discriminada y perseguida desde el comienzo del Islam", según remarca Kizilhan, y que ya ha sufrido 74 genocidios por su religión, basada en el zoroastrismo.

Los yihadistas separaron a los hombres, a los que ejecutaron (se calcula que a unos 5.000), mientras las mujeres fueron torturadas y vendidas como esclavas sexuales y los niños, entrenados para matar.

Según el informe "Cinco años después del genocidio de los yazidíes: un inventario y recomendaciones para la acción", elaborado por Kizilhan, cerca de 400.000 personas huyeron y cientos o tal vez miles -la cifra real se desconoce- murieron de hambre y sed, cercados durante días por el EI en el monte en el que intentaron refugiarse.

Un lustro después, "los yazidíes no están seguros ni tienen perspectiva de una vida mejor y segura en Irak", según Kizilhan, un especialista en tratar a personas traumatizadas en zonas de guerra.

LAS SECUELAS DEL TRAUMA

Vendida doce veces, Delal, de 24 años, describe una violencia y un sufrimiento "inimaginables" durante sus seis meses de secuestro, en los que también fue golpeada por las esposas de los yihadistas. Ahora es libre, pero no sabe donde está su hija de 6 años.

El padre de Sari, de 16 años, y dos de sus hermanos fueron ejecutados frente a sus ojos antes de ser esclavizada por los combatientes del "califato", pero también por compradores sirios, saudíes, tunecinos y de otros países árabes. Hoy no conoce el paradero de su madre y sufre de estrés postraumático.

El relato de ambas, recogido en el informe, es similar al de miles de mujeres yazidíes, la mayoría de las cuales viven en el Kurdistán iraquí, donde hay unos 350.000 refugiados yazidíes y solo 26 expertos en superación del trauma: la víctima más joven de violencia sexual tratada por Kizilhan fue una niña de 8 años.

Pero también los niños fueron masacrados. Los mayores de 14 años fueron ejecutados con sus padres, mientras los más pequeños, objeto de todo tipo de abusos, fueron entrenados como "soldados".

El estado alemán de Baden-Wurttemberg acogió en 2018 a 1.100 víctimas de especial gravedad en un programa que comienza a dar resultados: "Su capacidad para volver a reír demuestra que es posible un nuevo comienzo", afirma el psicólogo, que forma en la universidad de Duhok (Irak) a jóvenes para que actúen en el terreno.

"Canadá y Australia ya han seguido su ejemplo, proporcionando a los yazidíes un lugar seguro para vivir y los cuidados médicos que necesitan", explica a Efe Lina Stotz, asesora en minorías y nacionalidades étnicas, religiosas y lingüísticas en la Sociedad para los Pueblos Amenazados en Gottingen (Alemania).

"Existe una necesidad urgente de personal calificado, infraestructura, medicamentos y financiación", resume.

LA MARGINACIÓN

Al trauma de haber sido esclavas sexuales de los adeptos del "califato", las mujeres yazidíes suman un doloroso regreso a casa, porque ni un genocidio logró cambiar del todo la férrea tradición yazidí, que sólo reconoce a los niños cuyos padres sean ambos miembros de la comunidad. En una valiente decisión, su líder espiritual permitió la reintegración social de las mujeres esclavizadas, pero no ocurrió así con los niños nacidos de las violaciones.

Esto ha "desgarrado" a muchas mujeres, que, tras un brutal cautiverio, han tenido que elegir entre abandonar a sus hijos para regresar a casa o no volver a ver más a su familia. "Conozco más de 10 casos de mujeres que se vieron obligadas a dejar a sus hijos en Raqa, Mosul o Baguz.

Ahora viven en campos de refugiados en Irak, sufren trastornos mentales y me dicen que una parte de sus corazones se quedó allí", relata Kizilhan a Efe. La decisión de la autoridad yazidí "tiene efectos adicionales sobre su trauma, la salud y la situación general de los niños", se indica en el informe, cuyo autor toma partido claramente por la integración de estos menores, porque "la religión yazidí también está obligada a adherirse a los derechos humanos universales".

Kilzihan hace un llamamiento a los yazidíes, a los gobiernos iraquí y kurdo y a la comunidad internacional "para que hagan todo lo posible por ayudar a las mujeres y los niños, que pasaron por el infierno y ahora son discriminados y tratados injustamente".

EL REGRESO A SINYAR

Entre 300.000 y 350.000 yazidíes llevan cinco años viviendo en condiciones muy precarias en los campos del Kurdistán "e intentarán abandonar el país si no pueden volver" a Sinyar, dice Kizilhan. Están "atrapados" en "tiendas desgastadas, sin acceso adecuado a alimentos, agua, electricidad, educación ni oportunidades de trabajo", explica Murad en un artículo publicado esta semana en The Washington Post por el quinto aniversario.

"Queremos volver a casa, pero no podemos hacerlo sin apoyo", señaló. La premio Nobel llamó a la comunidad internacional para que "emprenda acciones concretas", como "la resolución de problemas de gobierno en Sinyar, la inversión en iniciativas de desarrollo sostenible, el reclutamiento de yazidíes en las fuerzas de seguridad iraquíes y el juicio al EI por crímenes de guerra". Aunque estima que unos 80.000 yazidíes han regresado a Sinyar, "los conflictos locales complican la supervivencia" e impiden la vuelta de muchos más porque "los riesgos de seguridad son altos".

Kizilhan apuesta por que se organice una "conferencia internacional de yazidíes" para la reconstrucción de Sinyar como ha ocurrido con lugares como Afganistán. Además, cree que se debe presionar a Irak y Kurdistán "para que obtengan un estatus políticamente reconocido y, por ejemplo, Sinyar sea declarada una provincia que pueda elegir a su propio gobernador y administre a su policía".

"La comunidad internacional luchó para derrotar al EI, pero el trabajo no está terminado. Abandonar a los yazidis en una tierra devastada por la guerra y con un futuro incierto permite que las semillas de más violencia echen raíces", concluye Murad.

T'ha interessat aquest contingut?

Subscriu-te al butlleti i rebràs la informació al teu correu electrònic
Política de privacitat
Banner 468 x 60 px