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Los primeros problemas de la implantación de la jornada de ocho horas en Madrid

  • Per Eduardo Montagut
  • Publicat a Història

El primero de octubre de 1919 entraba en vigor el Decreto que establecía la jornada laboral de ocho horas en España. En este artículo vamos a reseñar los primeros conflictos laborales que se desencadenaron en ese momento ante los incumplimientos patronales de esta trascendental disposición en la Historia social de nuestro país, en Madrid. Poner en marcha una disposición de tal calibre costó no pocas huelgas y conflictos en toda España durante mucho tiempo.

El mismo día 1 de octubre en Madrid tuvo lugar una importante movilización femenina de varios talleres de modista para defender la jornada de las ocho horas en su oficio, y que materializó en una manifestación por distintas calles. También protagonizaron una manifestación de más calibre los sastres y sastras por el centro de la capital y otros barrios, además de entrar en distintos talleres para animar a sus compañeros y compañeras a dejar de trabajar. Esto provocó la detención de diecinueve mujeres y cinco hombres, aunque se les pondría en libertad por la tarde.

Por la noche de ese primer día de octubre tuvo lugar una reunión de la Sección de jornaleros y jornaleras sastres del Sindicato de la Aguja para tratar de la negativa de la patronal a aceptar el cambio legal. Se acordó ir a la huelga a partir del 2 de octubre. Los oficiales sastres y el resto del Sindicato de la Aguja ofrecieron su solidaridad para secundar la huelga. La Sección quería dejar claro que estaba dispuesta a recurrir a todos los medios para “hacer triunfar la razón y la justicia y no entrar a trabajar mientras la Patronal no dé su conformidad a las bases presentadas”. Esta actitud obedecía no sólo al cumplimiento de la disposición legal, sino también a la circunstancia de que, al parecer, los patronos habían decidido depositar quinientas pesetas, que perderían aquellos que pactasen con sus trabajadores.

Por su parte, las obreras de flor artificial también se declararon en huelga ante la negativa de su patronal de aceptar la jornada laboral de ocho horas.

En esa misma línea estuvieron los obreros tejeros, porque estimaban que eran trabajadores dentro del ramo de la construcción y, por lo tanto, dentro de lo dispuesto por el Decreto de 8 de abril.

Francisco Largo Caballero, secretario de la UGT, visitó al ministro de la Gobernación el 2 de octubre para interesarse por los compañeros sastres detenidos el día anterior. El ministro prometió que se pondría en libertad a los que todavía no lo hubieran sido. Aprovechó la visita para denunciar que en Guadalajara la patronal de los sectores de albañilería y carpintería no estaban cumpliendo el Decreto. Pero la parte sustancial de la entrevista tuvo que ver con la publicación ese mismo día en la Gaceta de una Real Orden que concedía un plazo para que los patronos pudieran presentar reclamaciones de excepción del cumplimiento del Real Decreto. Largo Caballero expresó que esto era improcedente. El ministro le contestó que el plazo se refería a las Juntas Locales del Instituto de Reformas Sociales que no hubieran recibido las reclamaciones, pero las solicitudes de excepción serían nulas para las industrias sobre las que ya hubiera recaído acuerdo de las propias Juntas. Quería dejar claro que la Real Orden no tenía efecto retroactivo.

En todo caso, la Junta Local de Reformas Sociales de Madrid aprobó, a falta de la ratificación final del Instituto de Reformas Sociales, exclusiones de la jornada laboral a un conjunto nutrido de sectores laborales, gracias a la mayoría que consiguieron los seis vocales patronos con los vocales natos (un médico y un cura), frente a los seis vocales obreros. Los oficios o profesiones que fueron excluidos fueron los siguientes: los trabajadores comprendidos en la Ley de Jornada mercantil de 8 de julio de 1918, obreros que acarreaban los materiales de construcción a pesar de que los vocales obreros aludieron a que estaban dentro del ramo de la edificación y, por lo tanto, comprendidos en el Real Decreto, trabajadores del transporte de mercancías de estaciones y mercados, mudanzas, abonos y labores del campo, limpieza, higiene, coches de plaza, automóviles y pompas fúnebres, y abastecedores de carne e industrias de preparados y limpieza de residuos de reses muertas. Por su parte, el Ayuntamiento de Madrid presentó petición de exclusión para los trabajadores municipales del servicio de Bomberos, guardas de alcantarillas, sepultureros, empleados de parques y jardines, de carros de limpieza y vigilantes sanitarios. Hay que destacar que, aunque se habían presentado solicitudes de exclusión del Decreto por parte de los responsables de distintas fábricas, destacando la de Mahou, todos sus trabajadores habían comenzado a disfrutar de la jornada de ocho horas.

Hemos empleado como fuente el número 3704 de El Socialista.

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