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La emancipación de los trabajadores en la lucha política y económica: la resolución del Congreso de Stuttgart de 1907

  • Per Eduardo Montagut
  • Publicat a Història

Una de las más importantes señas de identidad del socialismo tiene que ver con la doble dimensión de la emancipación de los trabajadores: lucha política y lucha económica. En este artículo nos acercamos a la definición de esta dualidad en la resolución que tomó el Congreso de Stuttgart de la Segunda Internacional, celebrado en 1907.

En la quinta sesión plenaria del viernes 23 de agosto se discutió la moción presentada por la Comisión de relaciones entre el partido y los sindicatos, aprobándose por amplia mayoría de 223 votos contra 18.

El acuerdo planteaba que para liberar completamente al proletariado de todas las esclavitudes que padecía la lucha política y la lucha económica eran igualmente necesarias. La actividad de los partidos se ejercía en el ámbito político, mientras que la de los sindicatos se vinculaba al campo de la lucha económica. La misión de ambos era igualmente importante.

Las dos organizaciones tendrían naturalezas distintas, y debían actuar con independencia, pero para que la lucha fuese más fecunda las relaciones entre ambas debían ser estrechas. La Segunda Internacional pretendía que en todos los países se estableciesen esas relaciones, y que fueran permanentes.

Los partidos y sindicatos debían auxiliarse y sostenerse mutuamente. En el caso de plantearse divergencias de opinión entre ambas organizaciones era obligación de ambas discutir para llegar a un acuerdo.

El deber de los sindicatos no se cumpliría si sus actos no se inspirasen en el socialismo, en una implícita alusión a la cuestión del anarcosindicalismo. Pero los partidos tenían la obligación de auxiliar a los sindicatos en su lucha por la mejora de la condición social de los trabajadores. En los parlamentos debían defender las reivindicaciones sindicales.

Los socialistas querían dejar muy claro que el desarrollo del capitalismo en ese momento con su alto nivel de concentración de los obreros y la dependencia de los oficios hacia estéril el esfuerzo si los sindicatos se dedicasen únicamente a la defensa de los intereses de un oficio. El beneficio en la lucha llegaría cuanto más se unificase la organización, con mejores sistemas de socorros, con bien dotadas cajas de resistencia para sostener las luchas, y un mayor desarrollo de la conciencia de clase de sus afiliados. La organización siempre fue un valor en sí mismo para el movimiento obrero socialista.

A efectos prácticos, el Congreso invitaba a los sindicatos a mandar representantes a los Congresos internacionales, y a mantener relaciones con la Oficina de la Internacional Socialista de Bruselas. Se estipulaba que dicha Oficina debía establecer también relaciones con el Secretariado Internacional de Sindicatos de Berlín para intercambiar informaciones relacionadas con el movimiento obrero. Por fin, dicha Oficina tenía que reunir toda la documentación existente para facilitar el estudio de las relaciones entre los sindicatos y los partidos, debiendo presentar una memoria, al respecto, para el próximo Congreso de la Segunda Internacional.

Hemos consultado esta resolución en el número 1122 de El Socialista, de 6 de septiembre de 1907.

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