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El PSOE y el Pacto Briand-Kellogg

  • Per Eduardo Montagut
  • Publicat a Història

El Pacto Briand-Kellogg, firmado el 27 de agosto de 1928 en París, por iniciativa del ministro francés de Asuntos Exteriores -Aristide Briand- y el secretario de Estado nortemericano -Frank. B. Kellog-, y que fue suscrito por quince estados (después hubo más adhesiones), pretendía la renuncia de la guerra como medio para solucionar los problemas internacionales. En cierta medida, sería el precursor de uno de los artículos fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas, y el último capítulo de una década en la que se abogó por la paz, justo antes del abismo que supuso en las relaciones internacionales la década de los años treinta.

Los socialistas españoles opinaron sobre este Pacto en las páginas de El Socialista, además de informar del hecho en sí. Este artículo estudia la posición escéptica de los mismos.

En la propia noticia ya se vislumbra la opinión socialista al incluir la opinión expresada en el Parlamento británico por el diputado laborista Thomas donde manifestó la ineficacia de este tipo de pactos que parecían tan brillantes. Y eran ineficaces si no se disminuían la construcción de armamento y las cantidades presupuestadas por los Estados para sus fuerzas armadas.

En el artículo de opinión se incluía el párrafo fundamental del Pacto que alude a esa renuncia explícita a la guerra para solucionar los problemas acudiendo a medios pacíficos. En principio, los socialistas no podían dejar de congratularse por el acto celebrado en París, pero no lo hacían porque los hechos lo impedían. El Pacto era un conjunto de “papeles mojados”. No habría paz porque las potencias no se habían puesto de acuerdo para la limitación de armamentos y los presupuestos militares seguían creciendo, es decir, un argumento en la línea del laborista. En consecuencia, no se podía creer en la sinceridad de abolir la guerra.

Era bien cierto que en esos momentos se estaba reuniendo la Comisión de la Sociedad de Naciones en Ginebra encargada de redactar un convenio internacional para establecer la inspección sobre la fabricación de armamento y municiones de guerra, pero los socialistas españoles no creían en estos propósitos mientras no se redujese o anulase la fabricación de armamentos, y las grandes potencias marcasen la pauta internacional de emprender el desarme de las mismas. El futuro inmediato confirmaría este escepticismo.

Por fin, se hacía un nuevo llamamiento al proletariado, como principal víctima de las guerras, para que no dejase de intervenir en las campañas contra todo intento belicoso que se emprendiese, en línea con lo aprobado en el Congreso Socialista de la Internacional de Bruselas.

La fuente empleada en este artículo se encuentra en el número 6099 de El Socialista, de 28 de agosto de 1928.

Sobre el Pacto Briand-Kellogg podemos acudir al libro, ya clásico, de Henry Kissinger, Diplomacia, publicado en España en 1996. Por otro lado, podemos leer el Pacto en la página web, Dipublico.org (Derecho Internacional). Por otro lado, podemos estudiar (en la red) la posición española ante el Pacto en el trabajo de Ana María Tamayo Barrena, “España ante el Pacto Briand-Kellogg”, Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea, vol. 5, (1984), págs. 187-213. El artículo interesa, entre muchos motivos, por el estudio de la decepción que refleja la prensa española sobre la no invitación a España para participar en el proceso de gestación del Pacto, contrastando con lo que hemos visto en el periódico socialista.

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