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Pablo Iglesias ante la Conjunción Republicano-Socialista

  • Per Eduardo Montagut
  • Publicat a Història

La creación de la Conjunción Republicano-Socialista ante la primera gran crisis del reinado de Alfonso XIII en 1909 ha sido ya estudiada, existiendo trabajos para acercarse a esta coalición electoral entre las distintas fuerzas republicanas y el PSOE, rompiendo un desencuentro, y no sin dificultades, que se remontaba al mismo momento de la creación del Partido Socialista, que desarrolló durante decenios una estrategia política marcadamente obrerista por claro predominio de las tesis de Pablo Iglesias, aunque no sin cierto debate interno, enfrentándose no sólo al sistema turnista entre conservadores y liberales, sino también a las distintas tendencias republicanas, consideradas como burguesas, e intentando demostrar a los obreros que no eran las opciones políticas adecuadas para sus intereses de clase. Pero las circunstancias de la Semana Trágica y de la política de Antonio Maura trastocaron el mapa político a la izquierda del liberalismo, e inclinaron al PSOE a cambiar de estrategia política.

En el proceso de acercamiento de las fuerzas políticas contrarias al sistema de la Restauración se produjo un acto fundacional con gran repercusión entre la opinión pública. Se trata del mitin del Jai-Alai del 7 de noviembre de 1909, presidido por Galdós.

En ese acto participó Pablo Iglesias, que hizo un discurso que nos interesa porque nos permite acercarnos a la cuestión o problema de los objetivos de esta Conjunción: ¿crear una alternativa de gobierno con un programa articulado, o fomentar la unión de las distintas izquierdas para derribar a la derecha maurista y conducir al país hacia una República, para luego plantear ese programa?

Pablo Iglesias se vio en la obligación en el inicio de su discurso de recordar que el Partido Socialista mantenía sus ideas, y que no estaba dispuesto a renunciar a nada de su programa: igualdad social, conquista del poder político por parte del proletariado, y crítica a la Iglesia y el Ejército como soportes del Estado burgués (recordemos, en este sentido, el intenso trabajo socialista español contra la guerra, especialmente, contra la de Marruecos en ese preciso momento). Es, por lo tanto, sumamente interesante esta advertencia previa porque el PSOE se acercaba de forma oficial, por vez primera, a los republicanos, por lo que debió parecerle conveniente, tanto en clave interna socialista como externa republicana, comenzar de esta forma.

En todo caso, parecía que las circunstancias habían provocado que los socialistas se acercaran a los republicanos. El viejo líder socialista aludía a una “necesidad común”: la defensa de las libertades y sus garantías, por lo que se había llegado a la convergencia con “el partido republicano”. La unión no era de conveniencia, era una necesidad y era sincera, siempre según Iglesias.

El orador recordaba un acto anterior dedicado a condenar la política de Maura y para expresar el rechazo a que volviera a ocupar el poder, además de exponer el propósito de defender las libertades frente a los reaccionarios. En el mitin presente se insistía en esto, pero, sobre todo, ante el hecho ocurrido en el Senado el día 25 de octubre, en el que el político conservador planteó la unión de toda la derecha, algo interpretado por Iglesias como un reto, al que se estaba ya respondiendo. Efectivamente, la reunión en el Senado fue el desencadenante que precipitó la creación de la Conjunción. Los republicanos y los socialistas se reunieron en el Congreso, y luego en el domicilio del diputado Tomás Romero, decidiendo la celebración del mitin, así como la constitución del Comité de la Conjunción, formado por Benito Pérez Galdós, Tomás Romero, Aniceto Llorente y Pablo Iglesias.

El discurso insistió en el ataque a Antonio Maura, considerado el principal factor deslegitimador de la Monarquía en ese momento, el que más habría trabajado contra ella, mucho más que los socialistas o que los republicanos, un argumento sobre la propia responsabilidad de la Monarquía, y que volveremos a ver en posteriores momentos de crisis monárquica en la Historia contemporánea de España. Es más, Iglesias consideraba al político mallorquín como el causante de la unión republicano-socialista, gracias a sus “atropellos, con sus provocaciones y con sus persecuciones”. Sin su política no se hubiera podido realizar la unión.

El objetivo no sólo era terminar con Maura, sino derribar la Monarquía, para superar todo lo que había pasado, aludiendo explícitamente a la ejecución de Ferrer i Guardia. Por eso, Pablo Iglesias, por vez primera, sin olvidar el programa socialista, como hemos indicado, consideraba que había una prioridad, y que era cambiar el régimen político. Es más, pedía a los republicanos, en un ejercicio de moderación, que instauraran una República, aunque fuera conservadora, tal era la situación límite en la que se estaba viviendo, aunque matizaba ese conservadurismo con una llamada al progreso económico, que pudiera permitir el desarrollo de la organización obrera.

En todo caso, Iglesias no debía olvidar sus prevenciones hacia los republicanos, especialmente, por sus enfrentamientos internos y diferencias, siempre consideradas por los socialistas como mezquinos, por lo que nos parece que sonaba a advertencia que la unión se hacía para altos fines no para satisfacer “pequeñas ambiciones”, aunque también podía dirigirse a los enemigos políticos que estaban criticando este acercamiento entre republicanos y socialistas.

Pablo Iglesias consideraba que, si el país observaba que la unión trabajaba, ante los padecimientos sufridos, muy pronto la Monarquía podría caer.

En conclusión, en el otoño de 1909 se produjo un cambio importante en la estrategia política del socialismo español, anteponiendo la necesidad de derribar la Monarquía al cumplimiento de su programa político, aunque sin renunciar al mismo, es decir, luchar por la organización obrera, por la igualdad, y por la final destrucción del sistema capitalista. En todo caso, el Partido Socialista siempre había defendido la adopción de políticas concretas, especialmente en el ámbito municipal, pero luego también en el general, en favor de los trabajadores dentro del sistema económico sin entrar en contradicción con el derribo final del mismo, como se puso de manifiesto en el programa aprobado en el primer Congreso de 1888, pero siempre de forma autónoma, nunca en coalición con los republicanos, aunque ya se habían ensayado acercamientos en ese ámbito local, en concreto, en Madrid para combatir la corrupción y el nepotismo consistoriales.

Sobre la formación de la Conjunción Republicano-Socialista nos parece muy sugestivo el análisis que Antonio Robles Egea emprendió en “La Conjunción Republicano-Socialista: una síntesis de liberalismo y socialismo”, en Ayer (2004) porque enmarca el acercamiento entre socialistas y republicanos españoles en un contexto europeo de concertación de las fuerzas liberales-democráticas con las socialistas con la finalidad de culminar el proceso de democratización de los Estados liberales decimonónicos, siguiendo los planteamientos más amplios que el propio autor realizó en un trabajo anterior de 1990, titulado “Socialismo y democracia: las alianzas de izquierdas en Francia, Alemania y España en la época de la II Internacional”, en Historia Contemporánea. En todo caso, el autor tiene un trabajo titulado “Formación de la Conjunción Republicano-Socialista de 1909, Revista de Estudios Políticos, nº 29 (1982). En el número de Argumentos Socialistas (nº 23) sobre la confluencia de la izquierda contamos un artículo que trata también sobre la creación de la Conjunción desde la perspectiva socialista. Por fin, es muy imprescindible recurrir al libro de Santos Juliá, Los socialistas en la política española, 1872-1982, Madrid, (1997).

Una crónica del mitin (fuente primaria de nuestro trabajo) se puede consultar en el número 1.235 de El Socialista, con un significativo título “La democracia en marcha”.

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