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Refugiado también se escribe en singular

Dos historias de amor separadas por el tiempo y la distancia, Afganistán en 1939 y el Berlín actual, sirven a la ilustradora Zeina Abirached (en la imagen) y el escritor Mathias Énard para abordar la condición de refugiado de una manera intimista en la novela gráfica "Tomar refugio". EFE/ Paula Bayarte Dos historias de amor separadas por el tiempo y la distancia, Afganistán en 1939 y el Berlín actual, sirven a la ilustradora Zeina Abirached (en la imagen) y el escritor Mathias Énard para abordar la condición de refugiado de una manera intimista en la novela gráfica "Tomar refugio". EFE/ Paula Bayarte

Dos historias de amor separadas por el tiempo y la distancia, Afganistán en 1939 y el Berlín actual, sirven a la ilustradora Zeina Abirached y el escritor Mathias Énard para abordar la condición de refugiado de una manera intimista en la novela gráfica "Tomar refugio".

"Oímos siempre refugiados en plural, como si todos fueran iguales y tuvieran el mismo destino", explicó Abirached a EFE en su estudio parisino, próximo a los jardines de Luxemburgo. Acceder a la intimidad de una persona que abandona su hogar por una guerra y llega a un lugar totalmente diferente era una de las intenciones de este libro: "Queríamos mostrar al lector las pesadillas y sueños, las conversaciones y preocupaciones de una joven refugiada", añadió la ilustradora.

La libanesa Abirached (1981) desveló que el francés Énard (1972), escritor ganador del premio Goncourt en 2015 por su novela "Brújula", le propuso en 2016 crear las dos historias situadas en estos dos momentos en concreto para mostrar la atemporalidad de temas como el exilio.

Por eso los autores han elegido no separar las tramas y mezclar en las páginas del libro los dos argumentos. La novela comienza con el encuentro de cuatro europeos en los vestigios arqueológicos de Bamiyán en Afganistán cuando escuchan por la radio la declaración de la Segunda Guerra Mundial.

Entre los personajes que en 1939 se enteran de la guerra que comienza en Europa, se encuentran dos viajeras suizas que existieron en la vida real, Ella Maillart y Anne Marie Schwarzenbach que se enamoran mientras contemplan el cielo afgano.

Abirached y Énard querían mostrar que la guerra no ha estado siempre en Oriente. "Afganistán en 1939 estaba bien y Europa en guerra", declaró la ilustradora. La segunda trama presenta a Neyla, una refugiada de Alepo que llega a Berlín huyendo de la guerra de Siria y se enamora de un arquitecto alemán.

"Cuando dejamos nuestra ciudad de origen, ya no la habitamos, pero ella habita en nosotros", esta es la sensación que quiere transmitir Abirached en la protagonista Neyla, sensación que conoce bien ya que la ilustradora llegó del Líbano en 2004 y vivió episodios parecidos a los reflejados en el libro.

La autora explica que en el acento, la personalidad y los recuerdos la ciudad sigue viva dentro de un migrante. "Por ejemplo yo vivo en París pero me remueven profundamente cada día las protestas que se están dando en el Líbano" comentó.

"Tomar refugio" está lleno de simbolismos que invitan a imaginar: Neyla llega de Alepo, una ciudad destruida, a Berlín, una ciudad reconstruida que también pasó por una guerra, y a la vez la trama desarrollada en Afganistán se centra en las ruinas milenarias de los Buda destrozados posteriormente en un atentado talibán en 2001.

Tanto las ilustraciones como la historia son una reflexión de "la huella que deja todo lo que hemos perdido y cómo nos restauramos como personas tras la pérdida", dijo Abirached. El poeta sirio Nizar Qabbani escribió: "No se cómo vivir aquí, no se cómo amar aquí, no se cómo amarte aquí", palabras recogidas por Neyla cuando explica sus emociones al alemán del que se enamora.

En la novela, editada en español por Salamandra, esta idea está plasmada en las esculturas de Buda de Bayimán, cuyas siluetas permanecen en los oquedades que los albergaban antes de ser destruidas. "Además de las dos tramas existe una tercera, la historia que imagina el lector cuando acaba el libro".

Así, "Tomar refugio" crea "una dimensión poética gracias a las imágenes que marcan el ritmo de las palabras", concluyó la ilustradora.

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