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La "Matahari" de Marika Vila resucita tras más de tres décadas

La creadora y estudiosa del género Marika Vila durante el encuentro con los medios de comunicacion en la Semana Negra de Gijón, en donde se analizó la contribución de las mujeres autoras en el mundo del cómic. EFE/ Alberto Morante La creadora y estudiosa del género Marika Vila durante el encuentro con los medios de comunicacion en la Semana Negra de Gijón, en donde se analizó la contribución de las mujeres autoras en el mundo del cómic. EFE/ Alberto Morante

Son pocos los nombres femeninos de la viñeta que se hizo en la década de los 70, pero sin duda uno de los más importantes fue el de Marika Vila, una pionera que abrió camino a la mujer en este sector y cuya obra "Matahari" ha recuperado la editorial Isla de Nabumbu.

Y lo es porque, según cuenta ella misma en el prólogo de esta reedición, su trabajo como autor de cómic se ha dirigido a "descubrir, buscar el coraje y mostrar" el trabajo de esas mujeres que "han sido y son valientes", como la famosa espía.

Una historia que fue publicada de forma serializada en la revista "Totem el Comix" (1986-1992) y que realizó junto a Andreu Martín y Felipe Hernández Caba, compañeros con los que formaba equipo para mostrar a sus protagonistas y romper tópicos.

"'Matahari' también habla de esto -explica Vila- con Andreu encontré la libertad para desarrollar un trabajo sobre la vida de esta mujer-mito, estereotipos de 'femme fatale' que, bajo la aparente exaltación de su belleza, fue frívolamente interpretada, usada, insultada, menospreciada y finalmente fusilada sin pruebas, básicamente por su condición de mujer transgresora y libre".

Un discurso compartido con el de Martín, que también firma un prólogo en el que reconoce que cuando Vila le propuso la historia para que él la guionizara él no "sabía nada" de Margaretha Zelle.

"La lectura del libro me subyugó", afirma en este texto en el que confiesa que un año después ya se había convertido en un "coleccionista" de libros sobre esta espía. Una mujer recuperada ahora y que Vila dibujó pelirroja, de grandes ojos azules que transmiten todas las pasiones con las que Matahari conquistó a sus víctimas.

En este tomo de Isla de Nabumbu también se incluye un material extra que corresponde a la colaboración de la dibujanta calatana (Barcelona, 1949) con Felipe Hernández Cava, con quien comenzó su andadura como autora en el Colectivo de la Historieta trabajando sobre sus guiones de "Troya" o "Butifarra".

Se trata las historias "Circe" y "Devil-idad", donde se "rescatan", según palabras de Vila, "diferentes tipos de riesgos femeninos y su reacción activa e independiente".

"Lo hace -matiza- tanto la prostituta que enfrenta a los clientes con su opción política situando el mal en el espejo que los refleja, como la mujer desesperada en su atrevida inmersión en la tentación diabólica, de forma voluntaria y consciente, para trascender las leyes de la vida y la muerte y así paliar el dolor de la pérdida".

Mujeres "valientes" porque, según enfatiza Vila, "todas sabemos que ser mujer significa arriesgarse a ser en la dificultad".

Porque ya lo dijo la misma Matahari: "No sé si en el futuro se me recordará, pero si así fuera, que nadie me vea como a una víctima, sino como alguien que nunca dejó de luchar con valentía y pagó el precio que le tocó pagar".

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