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Las huellas sombrías que la Ocupación nazi dejó en la obra de Picasso

  • Per Claudia Zapater
  • Publicat a Cultura
Al contrario que muchos de sus compañeros artistas exiliados, Pablo Picasso permaneció en el París ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que pintó algunas de sus obras más sombrías, que ahora recupera Grenoble en la mayor retrospectiva de esta etapa realizada en Francia.-EFE/Claudia Zapater 	   Al contrario que muchos de sus compañeros artistas exiliados, Pablo Picasso permaneció en el París ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que pintó algunas de sus obras más sombrías, que ahora recupera Grenoble en la mayor retrospectiva de esta etapa realizada en Francia.-EFE/Claudia Zapater

Al contrario que muchos de sus compañeros artistas exiliados, Pablo Picasso permaneció en el París ocupado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, periodo en el que pintó algunas de sus obras más sombrías, que ahora recupera Grenoble en la mayor retrospectiva de esta etapa realizada en Francia.

"En su pintura se percibe el conflicto, que supo mostrar sin nombrarlo de manera directa, y el ambiente opresor que sufrió París durante la Ocupación nazi", explicó a la prensa Sophie Bernard, comisaria de la muestra.

Pese a tener prohibido exponer, Picasso continúa pintando sin cesar y aunque nunca muestra la guerra explícitamente, refleja sentimientos de sufrimiento y miedo que traduce en su obra por un estilo más severo y una paleta ensombrecida. Una etapa poco conocida y apreciada con respecto a otras más brillantes del artista malagueño, que aparece sin embargo como un momento pasional e intenso de su creación.

En 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial acecha, Picasso comienza a pintar cuadros cada vez más siniestros, traduciendo su inquietud ante el inminente peligro. Es a finales de agosto de ese año que Picasso y Dora Maar, pareja y musa del pintor, se refugian en Royan (costa oeste de Francia), periodo en el que se suceden sus famosas “Mujeres con sombrero” y cabezas de cordero.

Pero Picasso, nostálgico de la escena artística de la capital, decide regresar al París ocupado de 1940 hasta el final de la guerra, aún habiendo sido estigmatizado por los nazis por su implicación con los republicanos españoles.

"Tenía todas las razones para huir de Francia pero decide quedarse, y aunque no participa activamente en la Resistencia, resiste con todas sus fuerzas gracias a su obra", dijo Bernard. Picasso permanece en el país enfrentándose al reto de mantener la corriente artística considerada como "arte degenerado" por los nazis y que constituye la base de su obra, y no renunciar a la modernidad de la que era precursor.

Para ello, crea la mítica escultura “El hombre del cordero”, con el que consigue reavivar esos cánones clásicos, una obra que va más allá de las nociones de raza, religión y sexo y muestra al ser humano en toda su sencillez.

Dora Maar, artista comprometida políticamente a la que conoce en 1936 en el seno del círculo surrealista, se vuelve fuente de inspiración insaciable en este periodo sombrío para el malagueño.

"Dora se convierte en el rostro colectivo de la guerra poco a poco, Picasso se inspira mucho en ella durante esos años: disloca su rostro de manera que encarna la tragedia que viene”, narró Bernard.

Las naturalezas muertas, otra constante en su obra, evocan el conflicto de manera metafórica, sobre todo a través de figuras animales. "La animalización y la alteración de la anatomía es la forma que tiene Picasso de mostrar la crueldad de la guerra", explicó Bernard.

Pese a trabajar poco el paisaje, Picasso lo explora bastante en obras con gran valor memorial, que pinta para celebrar lugares que amenazan con ser destruidos. La muerte, omnipresente durante esta etapa marcada por la huida de sus amigos exiliados, entre ellos André Breton o Max Ernst, y la de miles de personas anónimas perseguidas, fue retratada por máscaras, expresiones aturdidas y desnudos hinchados.

Conforme los aliados van ganando terreno, la violencia plasmada en su obra va mutando en naturalezas muertas más sutiles, pero que muestran que la guerra sigue atormentándolo. Tras la liberación de París, en agosto de 1944, "su obra muestra que aunque el conflicto ha terminado, la penuria no lo ha hecho", concluyó Bernard.

El Museo de Grenoble (sudeste de Francia) que expuso el primer Picasso en sus colecciones en 1921, acogerá el centenar de obras que componen este diario artístico de los años de guerra hasta el 5 de enero de 2020.

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