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"La musa blanca" trasluce un Miró desafiante, cosmopolita y mediterráneo

  • Per Roberto Jiménez
  • Publicat a Cultura
El Museo Nacional de Escultura de Valladolid acoge desde hoy la exposición temporal "Miró. La musa blanca", que reúne y muestra una treintena de esculturas del artista catalán que fueron utilizadas como modelos para su posterior fundición en bronce. EFE/Nacho Gallego 	   El Museo Nacional de Escultura de Valladolid acoge desde hoy la exposición temporal "Miró. La musa blanca", que reúne y muestra una treintena de esculturas del artista catalán que fueron utilizadas como modelos para su posterior fundición en bronce. EFE/Nacho Gallego

Joan Miró ya era un pintor consagrado y de prestigio universal, casi cincuentón, cuando retornó a España desde la Francia ocupada por el ejército nazi, momento en el que decidió que la pintura "era un arte en decadencia" y se dedicó a la escultura, disciplina en la que figuró como un artista "más radical y desafiante".

"Ha sido uno de los escultores más importantes del siglo XX, a la altura de Henry Moore, de una gran fuerza, riesgo y autenticidad", ha resumido la historiadora María Bolaños, directora del Museo Nacional de Escultura, que desde este jueves acoge en Valladolid "La musa blanca", una exposición de modelados de Joan Miró (1893-1983).

El lema de la muestra, hasta el 15 de marzo con fondos cedidos por la Fundación Mas Miró y Successió Miró, alude a la escayola o el yeso, el último estadio donde se aprecia la mano del escultor antes de que su obra pase a la fundición, de ser sometida al proceso industrial previo a la versión definitiva.

Una treintena de modelados, algunos sin patinar y otros donde se aprecia todo el proceso hasta el bronce final, componen este repertorio donde se reflejan "las dos almas" que conjugó el pulso crativo de Miró, "una surrealista y moderna, más cosmopolita, y otra propia de la cultura popular, catalana y rural".

Junto a esta versión, el recorrido incluye piezas que remiten a una escultura inspirada en prototipos más primitivos, evocadores del arte persa, iraní o de la cícladas (antigua Grecia), ha precisado Bolaños delante de las imágenes expuestas en la Casa del Sol, una de las tres sedes -próximas entre sí- del Museo Nacional del Escultura.

Miró transformó en arte objetos de desecho, de condición modesta que encontraba en la playa o en el suelo como un peine, una almendra, un guijarro, un tomate que convirtió en una raíz, un bote de pintura en caracola e incluso un pavo -una figurita de Belén- que agranda y decora con grafismos cuando alcanza el grado del bronce.

Son algunos ejemplos de un genio devenido en arte que "en su momento supuso una verdadera revolución, fue muy valiente artísticamente", ha subrayado Bolaños delante de Joan Punyet Miró, nieto del artista y administrador de Successió Miró, entidad que ha cedido veintidós de las obras expuestas.

Desde la idea que brota en los adentros del creador hasta su descubrimiento en bronce, la escultura atraviesa un proceso donde el autor deja su última huella en el modelado en yeso, un material intermedio antes de ponerlo en manos de los artesanos para ser sometido en la fundición a un proceso eminentemente industrial, ha apuntado Punyet.

María Bolaños, por su parte, se ha referido al yeso como un material "pobre, precario y de albañilería que, no obstante, ha sido fundamental en la escultura porque es lo que el artista toca por última vez, tiene su mano, y desgraciadamente no siempre se ha conservado".

Las esculturas de Miró conviven en la Casa del Sol con piezas procedentes de la colección principal del antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, creado en 1877, cerrado en 1961 y cuyos fondos -en torno a 3.000 modelados- fueron asignados en 2012 al Museo Nacional de Escultura para su custodia y divulgación.

"No se trata de un diálogo cerrado, sino de ecos y resonancias, porque queremos que el espectador busque esa relación o contraste", ha explicado Bolaños.

La apertura de "La musa blanca" ha contado con la presencia, entre otros, del subdirector general adjunto de Museos Estatales, Lucas Guirao; y de Elena Juncosa, directora de Mas Miró, la casa del artista catalán en Montroig (Tarragona), donde se alojó a su regreso a España durante la II Guerra Mundial, e inició su faceta escultórica.

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